15 de junio de 2011

Storyboard


De espaldas contra el musgo del tejado de la casa vieja escuchan un concierto para grillo en re menor, de violín, bajo el cielo de una noche estrellada de agosto.

-Qué bonitas...tan brillantes...rojas, azules, amarillas, blancas...¿crees que ahí vive gente? ¿tan alto?¿crees que habrá tortugas Billy, tan alto?

Si hay un hada en el bosque, esa es Paca.

No existe un motivo aparente por el que Paca sonría todo el tiempo. Por cualquier cosa. No importa. Incluso cuando cualquier cosa es esperar un hijo de Luiggi, un ángel italiano que habla del revés y usa camisas de seda natural tan dóciles al tacto, que te dejas caer en sus brazos aunque sepas antes de sentir en tu aliento su aliento, que va a comerte el lobo.

-Sólo son gases venenosos, grandes tormentas eléctricas a millones de grados centígrados, la mayoría, ya ni siquiera existen, ves su luz; pero ya no existen...

“Su luz...”

-¿Por qué la llamabas Princesa?

“¡Pero puedes llamarme Princesa!”, gritaba, la primera vez que la vio mientras se alejaba del embarcadero en bicicleta.

-A ella le gustaba.

-¿Y a ti?

-A mí me gustaba que viniera corriendo y se tirara encima y que mi estómago, fuera una noria.