22 de julio de 2011

Bariloche no era una canción


Voy a comerte el coño una hora de reloj y a liberar el Trópico de Cáncer de tu entraña hasta que sientas que los huesos,
te abandonan.
Heme.
Hete.
Y que sea la luz del cielo de la boca quien desvele
que todo signo humano en nosotros,
ha desaparecido.

Dentelladas más hondas y cortes más profundos,
la espalda convertida en mapamundi,
los ojos en candelas y en la boca, los flecos de saliva.

Ya pagaremos la hipoteca,
las facturas del coche y los pecados,
mañana si amanece, ahora quiero que me hagas
un nudo
gordiano
por dentro de la oreja hasta el cerebro con la lengua
y tires la llave por el váter
y el váter,
por la puta ventana.