21 de agosto de 2011

Великолепный образец


Aquel día a Nicolás Carmona era como si lo hubieran enterrado boca abajo en un bidón de aceite cuando ella le volvió la cara: “...despiértame a las ocho de mañana. Que descanses”.
Horas antes había estado pastándole la piel como una vaca. La llamó zorra, la llamó guarra, la llamó cosas que a ella le gustaban en la cama. La llamó puta. La llamó cerda, que te gusta- “Que me gusta”-, que te abras- “Que me abro”, que te toma- “Que me dame”, que te meto- “Que me me”, que te te te.
Y en vez de Ana, la llamo Cecilia Iñáquez Chevarría, así, todo seguido, igual que se la había metido toda entera por el coño, de una tacada.