10 de agosto de 2011

Manera de vivir número 3527


Le meto la pistola entre las piernas y le digo que la amo.
Porque es un gato,
subida a una barquita de goma después del naufragio.

Nuestro Mustang ha muerto en mitad del desierto.
No queda agua.
No queda tiempo.
Hay un río de sangre saliendo de Patrice.

Cuarenta tíos persiguiendo un coche rojo,
y los únicos huevos los tuvo mi chica.
Setenta metros hasta el suelo.
Seguidnos si podéis.

Los billetes de cien se han esparcido con el viento hasta Nevada.
Ha salido una estrella y luego otra.
Patrice me suelta de la mano.
Se marcha poco a poco, sola,
con los ojos cerrados y un montón de cristales en la cara a Hawai.

Y un mar oscuro, fuera,
lleno de coyotes y lagartos.
Ni agua, ni tiempo, ni Patrice.

Recuerdo a Patrice comiendo una manzana,
bajo un neón de Dixies Land,
en Otawa,
la primera vez que se montó en el coche,
y dijo “sácame de aquí”,

Guardé mis treinta pavos para un polvo,
y tomé la nacional cincuenta y siete,
con Patrice recostada en mi hombro,
y una canción de Sleeper Wo en la radio.