21 de septiembre de 2011

La ruta helicoide


No hablo de un silencio absoluto, ni terrible.
Hablo de esa gota que cae con precisión sobre los restos de la cena,
un glop perfecto y nítido, que me colma.

Hablo del Mar y de las olas que agonizan a mis pies.
Del zumbido de una mosca arañando los cristales.
De los muebles crujiendo y de las grietas, pariendo hormigas.

Descubrir en el espejo, incandescente, la punta del cigarro.
Los ojos tibios.
La verdad.

Intento comprender este siglo.
La alevosía del amor.
El canto de un pájaro y todo.

Y perdono tus manos.
Tus ojos de caballo.
Tu carnívora boca y tu nardo carmesí, sí, sí.

Te secarás por dentro de llorarme.
Te partirás en dos porque te abrigue.
Volverás a fumar.

Soy un volcán dormido.
Tú eres un sauce.
Mas tarde o más temprano la marea, se lleva los castillos en el aire.