30 de septiembre de 2011

No mires hacia abajo


Marguerite seguía una dieta de hoja de nenúfar hervida en ambrosía, crepes de eucalipto y musgo de azotea que siempre a la caída de la tarde desde hacía dos mil años recolectaba con sus manos insectívoras y se llevaba al pico con los ojos cerrados mientras colgaba de una cuerda un pentagrama de bragas de piel de leopardo, flotando a diez centímetros del suelo sobre unas zapatillas bordadas con ramos de gardenias y lazos blancos y buscando entre las nubes un arcángel de ojos negros y de nombre Gaspar, al que había conocido en Estambul, bajo la atenta mirada de los astros, una vez.