14 de septiembre de 2011

Sobrevolar una tormenta montado en avestruz


Me hablas y no te entiendo.
La cafetera me habla y la entiendo.
Bluf bluf bluf: “tu cafelito, ven,
enciende un cigarrillo,
y bébeme despacio mientras
ahí fuera se dejan los dientes en el cuello
unos a otros”

La gente grita demasiado.
Los anuncios gritan demasiado
Las canciones gritan demasiado.
Satanás.
Sangre.
Destrucción.
Todo el mundo grita demasiado.

Veinte millones de mujeres bonitas
y ninguna me ve.
Aeroinvisible.
Difuminoso.
Perdido.

Y ni yo quiero encontrarme.

Porque soy el otro que no soy yo,
que sólo es, que es,
el otro que me habita un por ciento
cada vez más elevado
y me come como un cáncer y me mata y me salva
de lo que nunca he sido.

Escucho el viento entre las largas melenas de los leones.

Vete al carajo amor. Amor. Puffff.
Eres tan de mentira como la sonrisa de un agente inmobiliario.

¿Sabes qué quiero decir con abrazarte?
Posar como un jilguero la cabeza en tu hombro.
Olerte el cuello.
Y que la paz me inunde y te inunde y el mundo se vaya a la mierda,
un rato.

Hay alguien por ahí,
seguramente ahora,
tocando el saxo.