3 de octubre de 2011

¿Es que no ve que llevo puesto los auriculares?


¿Solo?
Ojalá.
Marilú es una hija de puta.
Hoy se ha reencarnado en la bañera. De pronto estaba allí, colgando bocabajo de un hilo de seda: “¿Por qué hablas antes de dormirte? Ella no te va a escuchar. Está muy lejos. Y tú más. Estás tan lejos de todo que...”
Me ha dado un susto que te cagas. He querido ahogarla con la alcachofa de la ducha, pero tenía los ojos llenos de jabón y sólo he podido cagarme en su puta madre. ¿Es que no se va a morir nunca? ¿Con qué tengo que aplastarla?¿Con una hormigonera?

Solo dices...
Hoy va y me dicen que una monja que está de visita en el quinto porque se ha muerto un hermano que tenía aquí, al verme por la escalera ha dicho “Este no es creyente”, con toda la pena de su corazón. Viene del Vaticano. Joder. Del Vaticano. Seguro que hasta ha practicado un exorcismo. Que me había visto, me han dicho, un halo. Qué chungo. Un halo dice. Pero que va. En realidad es que de vez en cuando me posee el espíritu de Andy García, y eso da mu mal rollo.
Solo dices...y al pasar por el pasillo, Klein, mi osito de peluche, se ha tirado a mis brazos, y como no habla, porque tiene la boca cosida con un hilo muy negro, se me ha colgado del cuello para que lo quiera y no se ha soltado hasta que no le he dicho “Claro Klein, tú también vienes”.
Mis maletas parecen un barco a la deriva.
Tal vez me tatúe un ancla.
¿Qué me ha pasado?, le pregunto a mi ángel de la guarda.
Mi ángel de la guarda va vestido de Drag Queen.
Una vez me dieron con un ladrillo en la cabeza.
¿Sabéis qué hizo? Nada. Una mierda hizo.
“Es que me estaba pintando las uñas”.
Es que me estaba pintando las uñas es que me estaba pintando las uñas...

Sólo dices, y a veces me despierto de noche porque hay gente tirando de las sábanas a los pies de la cama.
“Quiero montarme en los columpios”, escucho a través del colchón. Me encantaba cogerlo de la mano y caminar mientras hablábamos de cosas de hombres: “¿Que comemos hoy chaval?”. Huevos con patatas. Con mucho ketchup.
Una vez pintamos con boli en una tapia de la calle Herranz, “Papá y Nacho”, y luego nos metimos en un burger, antes de ir al circo.
Otras es mi padre pidiéndome un perdón que ya le di pero del que no se acuerda, porque los últimos días ya había perdido del todo la cabeza y confundía el nombre de las cosas y confundía a las personas y hasta él mismo se confundía con todos aquellos tubos metidos por la boca.