2 de noviembre de 2011

En alguna esquina de Manhattan


“-¿No piensas rematarlo? A ese tío se le están saliendo las tripas.

-No importa.

-Es asqueroso.

-Con las tripas por dentro también era asqueroso.

-Sabes Jimmy Boy...creo que no te importa nada.

-¿Quieres decir que si tú me importas?

-Cobras por matarlo; no por dejar que se desangre tres días.

-Está muerto. No importa si tarda tres días o se muere ahora. Tenemos que irnos.

-Y sí, eso quería decir. ¿Te importo yo?

-Te dije que no era buena idea que me acompañaras al trabajo. Siempre acabamos discutiendo. ¿En serio tengo que contestar a esa estúpida pregunta?-¡Pum!- ¿Contenta? ¿Ahora está muerto no?-¡Pum-Pum-Pum!-.
¿Me invitas a cenar nena?”


Jimmy Boy me compró un Chevrolet, con la pasta que sacó de todo aquello. Un Chevrolet rojo. Rojo y brillante.