18 de noviembre de 2011

Mi gorda atómica, capítulo décimo


“-Papi...


-¿Qué?

-Ráscame aquí.

-¿Ya?

-Ya no. Sigue.

-¿Cuánto?

-Mucho.

-Me canso.

-Papi...

-¿Qué?

-Creo que de este polvo me has dejado embarazada.”

Hasta compré un chupete. Rosa. Porque sería niña. Tenía que ser niña.
Y llamarse María.
María nada más.

“Será una flor-decía-, con el pelo muy negro y los ojos muy grandes y una sonrisa preciosisísima y de mayor se hará novia de un dentista y tú y yo nos haremos viejitos e iremos cogidos del brazo a ver a nuestros nietos.”

Joder.

Era como si me hubieran metido por el culo el motor de una lavadora y estuviera centrifugando todo el tiempo.
Pero tenía un criadero de mariposas en la boca del estómago y nunca nadie me había comido la polla como ella.