2 de diciembre de 2011

Oh dios, otra vez no


Me gustan las chicas de mirada lánguida

y pechos con rosas en el centro que se hinchen y broten al paso de mis labios.
Me gustan, con marcas de adoquines en la frente
o alguna cicatriz que las convierta, en cerámica china, incluso,
me gustan las chicas en silla de ruedas.
Ese tipo de chicas con paisaje en los ojos
de un mar con barquitos veleros, y al fondo,
una delgada linea que lo divida en dos.

En general soy razonablemente invertebrado,
es obvio que floto,
no siempre.
Chicas con un globo en la mano
y un pin de un arcoiris prendido del abrigo.
Aunque,
lo cierto,
es que todas guardan un bisturí bajo las bragas.

Chicas con dedos de patas de jilguero que sigan por mi cuello
un rastro de migas de pan hasta la cama.
Que se doble y me doble y me amarre como el hierro de una reja a la tierra,
que me llame Manuel, como quien llama a las puertas del infierno.
Que me diga, te amo,
y que luego me escupa a la cara,
“y eres sólo mío”.
Una chica de esas,
que cuando llora,
se bebe sus lágrimas, en un vaso on the rocks.