30 de marzo de 2012

Lunfardo feroz de madrugada


Te abres para mí como el mar rojo
suspirando que entierre la cabeza y entre pierna y pierna libe
de tu cauce el magma que derramas calle abajo, del amor,
mientras el pétalo dorado envuelto en llamas de tu vientre,
estalla en fuegos de artificio la tormenta.
Como las alas te abres de un insecto y te me ofreces.
Como se ofrece a una princesa,
la primera canción.

“Matame el tacto con la espuela de llanero y aquí,
marcame el torso,
poneme un yugo,
comete entera la raiz y haceme que el cimiento se derrumbe,
y aquí chupame el coso este que hierve,
partime toda a la mitad sin mirar dónde,
calame el alma de agujeros con los dedos,
fundime a cero,
doleme, reventame,
hasta que me parta como un rayo y en mitad de la noche,
jure que te quiero”.