1 de mayo de 2012

Así que eso era lo que había dentro de las nubes...


Le gusta que la muerda.
En cualquier parte.
Como sea.
Luego me enseña desde dónde hasta dónde, es mía.

He olvidado su nombre de llamarla de otro.
Como a un pájaro en la cuenca de mi mano.
Como siempre miré el Mar.

¿O vivir sin vivir sin ventanas ni techo?
Sin esqueleto.
Sin alguien que sostenga, todo esto.

Le compré una nevera.
Nunca he tenido una nevera.
Ella aprendió por internet a hacer el nudo
de mis corbatas.

“¿Cómo de mía?”

Le gusta que la mame.
La lama.
La lengua como un cuadro de nudos marineros,
y los nudillos blancos de aferrarla.

Dispara amor como un revólver
con sus ojos de fruta envenenada:
“Tuya de muerte”

¿Y perderme este azul cada mañana?
¿Que vuelva con peras del mercado?
¿Que me la chupe?

Mi vida era una mierda sobre el césped.
Ahora está llena de facturas.
De tierra para gatos.
De croquetas.
De entradas para el cine.
De masajes en los pies.

Y otras cosas pequeñas.