18 de agosto de 2012

Algún día, todas las nubes del planeta dejarán de existir


No se ve un carajo a lo lejos.
Sólo las vías.
Púdrete.
Muere solo,
todos los días de tu vida.

Le compré flores.
Rosas.
Rojas.
Me puse de rodillas.
Lloré.
¿Por qué
coño,
no
dijo
nada?

“Es que no soy suficiente para ti?
¿Lo hicisteis en la cama?
¿En la cocina?”

Algo así, como una bofetada.
Como un zapato en la barriga.
Como una zarpa cruzándome la cara.

Algo que no fuera su silencio, comiéndome la carne.