27 de agosto de 2012

Making of de un tío tumbado boca arriba


Hoy he visto una estrella fugaz. En el cielo, seguramente habrá dejado una estela kilométrica; pero a mí, me ha parecido una mierda de milímetros. Suficiente. Sobre todo cuando uno está a punto de mandar a tomar por el culo la esperanza, que te follen esperanza, siempre llegas tarde, a tomar porculo. De dejarse llevar. De convertirse en una roca. Una grande y pesada que no pueda nadie mover del sitio y lo suficientemente informe para que tampoco a nadie de le ocurra sentarse a descansar y fumarse un puto cigarro mientras mira las putas nubes.
He pedido un deseo.
Primero lo he pensado. A la velocidad de la luz-no sé-, han pasado por mi cabeza un millón de imágenes. He elegido una.
Luego la he susurrado. ¿Qué puedo perder? Joder, ni siquiera tengo sentido del ridículo. Vivo en un zapato.
Sí, unos pocos milímetros. Como la ralla de una tiza en la pizarra, como uno de esos cortes que te haces, al afeitarte.
Como el fiussssschsss de una cerilla en mitad de la noche.
Pero ha sido suficiente.