9 de noviembre de 2012

Un haz de luz en el infierno


El amor se anda, es cierto, yo lo he visto.

-¿Me amas más que a nada en este mundo?

-Eres un egoísta.

-Ya sé que soy un egoísta. ¿Pero me amas más que a nada en este mundo?

-Te amo más allá de suficiente. Y amo otras cosas. Amo mis crías de delfín y mis arterias y la música celta y un millón de cosas más que amo. Y también te amo a ti.

La lluvia, ah sí, la lluvia. Ponte debajo. La lluvia moja.

-Yo quería ser escritor sabes...y, mira.

-No veo la diferencia entre serlo y no serlo. Lo que realmente me interesa de ti sigue estando en tus manos. Quítame tus manos y, te aseguro, que me dará exactamente igual que seas el presidente de la península Voltánica, un cantante famoso o el pitcher de los Yanquees de New York.

-Quería contarle al mundo grandes historias. Quería darles fe. Fe en algo.

-¿Y tú? ¿Y tu fe?

-Aún sigo aquí. A tu lado. Porque tengo fe.

-Y yo tengo en el aceite croquetas de jamón. No soy el sueño de nadie. Soy una mujer bajita, con las tetas a punto de caducar un día y este culo que tú dices que te encanta. Quería una de esas estúpidas casitas blancas. Esas cosas. Ahora lo único que quiero es que me ayudes a poner la mesa antes de que lleguen los niños del colegio.

El amor se pacta. Aunque no sé si eso es cierto.

-Y...no sé...¿qué eres?¿un Mesías?¿Te sientes un Mesías?

-Siento la necesidad de ver que a mi alrededor todo gira como en una perfecta maquinaria.

-El mundo no es perfecto. Nunca lo ha sido. Sólo es el mundo. Ya está. Acéptalo o sigue inventando que la vida es otra cosa sin tantas espinas. ¿Qué turno tienes mañana?

-De tarde. Con Julián. No soporto a Julián.

-No soportas a nadie.

-Te voy a comer de postre el chochito...

-Qué bien. Es lo mejor que has dicho en todo el día.

Pero de que se anda, de eso, estoy seguro.