21 de noviembre de 2012

Y tú tan lejos. Y yo tampoco


...Angustias se le hundió en las tripas como un pez en el agua, como una piedra. Ciento seis gramos de acero inoxidable hasta los fondos de la espalda. ¿Sabes cuánta sangre tiene una persona en el cuerpo? Yo sí. Era mi padre.

-Cachito...

-¿Y sabes lo peor? Vi como mi madre se arrastraba a llorarle. Nunca he visto a nadie llorar de esa manera. Después de tanta paliza y tanto diente en la pared y tanto roto y tanto de escondernos de mientras debajo de la cama. De tanto esperar a que llegara. De que llegara. Siempre borracho. Siempre en barandas. Siempre a las malas. Tanta sangre en el suelo para nada.

-No importa. La vida es...así.

-La vida es una mierda Paca. Todo es una mierda. Las ratas, los domingos, la cárcel...la cárcel no está hecha para hombres Paca, la cárcel te mata, te arranca la carne de los huesos. Había uno, uno de Santiago, que se cortó del culo para arriba para que los portoricos no le descosieran más el orto cada vez. Todo menos tú. Y así preñada más. Así estás más bonita que un día en la playa.

-¿Aunque no sea tuyo?

-Cruzaremos Arizona en un chevrolet rojo. ¿Quieres?

-Tendrá alas. ¿Lo sabes? Alas de verdad. Blancas supongo. Como su padre.

-Pararemos en todos los burguers que veamos. Nos llevaremos la caja. Todo el dinero. Y una botella de champán. Lanzaremos al aire un puñado de dólares. En mitad del puto desierto. Que os follen. ¿Sabes qué puedo entender? Que debí haberle metido una bala en la cabeza antes de que se fuera de aquí del brazo de la americana. Hija de puta. ¿Viste cómo se miraban? Parecía que iban a sacarse los ojos el uno al otro de uno a otro momento y de repente, se la llevó volando a de allí a una habitación de hotel desde donde se les escuchó romperse de placer toda la noche dicen hasta por la mañana de los tres días siguientes, más allá de la estación y los gatos y los grillos. Y después ya no estaban. Cruzaron el puente y simplemente, todo el mundo se olvidó de sus nombres.
Todo menos tú Paca. Todo menos tú.