12 de diciembre de 2012

Primer tratado de poesía neurótica


“Háblame de Okinawua”

Le hablé de suricatos.
De cómo Mindanao se fue por el desagüe.

Y hablando de otra cosa: no estaríamos varados en mitad de la nada
-“Si tú me quisieras...”-, perdidos
-“...vendrías a buscarme en un caballo blanco”-,
como muertos.
Qué frío.
Qué camino más largo de pasillos sin cuadros.

“¿Por qué coño me llamas princesa?
No soy tan dulce joder”.

Si yo no fuera yo, así, a pie, desheredado,
y tuviera una cuadra de alazanes bordados,
¿y tú?
¿Vendrías?

Artículos de primera necesidad de un borracho de mierda:
casi aire.
Alcohol.

Después monté una web, una,
de esas páginas de mierda, con glitters y gifs y ángeles dorados.

Tenía la boca del metro en el coño y me gustaban sus manos,
tejiendo en las tardes de verano largas bufandas tricolores.

“Será un invierno largo”