18 de enero de 2012

Si he llegado hasta aquí


El tiempo no es un perro que lo llamas y que vuelve, no puedes,

subirte a la grupa de un sólo momento de tu vida,
ni esperar que un segundo-ese segundo-, dure para siempre.
El tiempo es un gran
hijo
de puta,
que moja los días de verano en un vaso de leche y se los traga,
lo único,
que al tiempo le preocupa de ti,
es que tengas suficiente chocolate por dentro.

Por eso yo te pienso desde nunca jamás,
desde antes del de,
desde el ya del revés, desdelantesdespués.
Desde atrás del big-bang del coño mamífero del puto universo.
Desde el mísmisimo Olimpo de quien ha y puede contárselo a los pájaros.

Por si el tiempo.
Porque te amo.

16 de enero de 2012

El cuarzo


No pienso en una flor cuando pienso su nombre,

sino en alguien cansado de esperar que unas manos...
Aunque no estén llenas.

Tampoco en el color de los chicles de fresa.
Ni en las bragas de una lolita japonesa.
Ni siquiera en esas nubes de algodón que la gente se come en las ferias.

Pienso en horizontes.
En los filos del vaso, el borde de los platos en,
horizontes.
Y en que su nombre me salve de coger ningún tren.

No siempre estuve tan lleno de ternura tan,
cerca del mar y de los árboles.
Pienso en cuántas cosas,
podemos hacer juntos.

12 de enero de 2012

Permítanme que me presente


Miro el pequeño icono de la batería del mp3. Verde. Me meto hasta el cerebro los auriculares con la punta de los dedos. Cierro la puerta. Bajo las escaleras. Salgo a la calle. Nunca sé donde voy cuando voy a ningún sitio.
La calle está llena de naranjos. Hay un gato esperando en el portal a que Juana le ponga en el peldaño las raspas de la cena de anoche. “Tengo un tumor en la espalda. He estado trece días ingresada. No saben, dicen”. Imagino esa esquina sin Juana, barriendo las hojas en la acera, del próximo otoño. Una franja de humo blanco cruza el cielo. ¿Dónde irá? Tan alto. Tan lejos.
Enciendo un cigarrilo debajo del sombrero, pulso play, y me pongo a caminar.

Marilú, la arañita parlante, estuvo ayer hablando conmigo:

“¿Nunca te has preguntado que diría ella si te escuchara decir te amo en voz alta y en mitad de la noche todas las noches? ¿Recuerdas cuántas veces no se lo dijiste?”

Marilú cree que mi comportamiento no es, normal, porque, según su infalible sentido arácnido debería estar gestionando mi tiempo de una manera infinitamente menos lamentable. Textualmente.

Hace mucho que no tengo un buen día:

“ Se me olvida su rostro...A veces. Me voy a la cama Marilú, que descanses”.

Normalmente, la hubiera llamado hija de puta. Le hubiera tirado un zapato. Le aterroriza la palabra microondas. “Microondas microondas microondas”.

Se me olvidan los días. A veces las semanas. Las voces. Se me olvida como olían las sábanas con ella.

¿También tengo la culpa de que llueva?

9 de enero de 2012

Acto tercero


“No estamos solos”, le dijo dejando resbalar todo su peso sobre aquel taladro incandescente que Jimmy Boy tenía entre las piernas, hasta el fondo y entonces, la niña de los ojos le ocupó todo el rostro y de la boca, empezó a dar a luz demonios que susurraban al oído en francés cosas guarras, y de las manos, serpientes con muchas cabezas que treparon hasta su espalda y le arrancaron de un tajo la piel a tiras, mientras La Belle Montenegro se transformaba encima suyo en un caballo negro de pezuñas brillantes y una crin con tormentas que anunciaban volcanes.


Luego fumaron con la cabeza apoyada en la pared un cigarro impregnado en aceite de Ketama, que sumió la habitación en un estado de letargo cuya niebla se escapaba por debajo de la puerta hasta la calle:

“-¿Cuánto valgo?

-Siete mil dólares.

-¿Y piensas cobrarlos?

-No mato ángeles.
Coge tus cosas.
Nos vamos a Detroit”.

8 de enero de 2012

Me estaba limando las uñas y de pronto...


Mi abuelo me regaló una radio pequeña con dos botones, azul, no como el cielo, más, no sé, yo era una niña y no distinguía demasiado los colores, porque todos eran bonitos, aunque el rojo de la sangre de mi madre sin dientes en las puertas de los muebles de cocina, daba un poco de miedo, y solía correr a esconderme por si acaso, mi padre no se había cansado de escupir diablos por la boca y machacar con su anillo de oro aquella estúpida sonrisa, decía mi padre, de mona vestida de seda.

Lo primero que escuché en aquella radio fue que el precio de las espinacas, había bajado siete céntimos.

Hace viento en la ventana.
Las hojas del naranjo se abrazan a la trama de una mano invisible que las mece y las lame con su lengua de gato y que las riza como pasta italiana y como bucles de concierto.
Es precioso. Como en una película japonesa, que vi, donde un cerezo en flor, salía en primer plano deshojándose pétalo tras pétalo, durante más de media hora.
Putos japoneses.

¿Qué voy a hacer con estas manos, el resto de mi vida?

6 de enero de 2012

El luto de la flor de Jacaranda


Al próximo tío que quiera quitarme las bragas,

voy a decirle que me gusta escuchar a Kenny Rogers
mientras el sol me cuece un caracol en la barriga,
y que a los nueve,
quería ser mamá de todas las muñecas de mi cuarto.

¿Si te la chupo,
me sacarás a pasear todas las tardes?

Adóptame, hombre de a pie,
que quiero que me amen.
Pero quiero que sepas que palabras como, decepcionante,
sólo ocurren una vez en mi vida...

Me he resbalado en la bañera.
Nada grave.
Pensé, joder, casi me mato,
sin haber hecho los deberes de mañana.

Y entonces te he llamado.
Porque eres italiano.
Porque te llamas cerdo.
A veces, y otras,
te amo como el árbol la corteza.

Las llaves están bajo el felpudo y yo,
ya me he comido tres yogures de frambuesa
esperando a que la luz de la cocina derrame,
tu sombra por la casa.

5 de enero de 2012

Un barítono en la isla de java


¿Por qué sembrarte un maizal de tierra ocre en la pupila cuando puedo

llevarte de la mano a Groenlandia si tú quieres?

Poner el dedo en la llama de una vela.
Dejar que el viento nos meta los pelos en la boca.
Jugar con el desfribilador.
Reírnos hasta que la cocacola,
nos salga por la nariz.

Contarnos el final de las películas.
Follar entre los trapos sucios que a veces nos tiramos a la cara.
Decir: “He sido yo”, con la boca aún llena de crema de avellanas.
¿No hechas de menos estar atrincherada en el sofá?

Bajaré hasta el infierno si tú quieres,
a forjar una llave que lo abra, absolutamente todo.