30 de marzo de 2012

Lunfardo feroz de madrugada


Te abres para mí como el mar rojo
suspirando que entierre la cabeza y entre pierna y pierna libe
de tu cauce el magma que derramas calle abajo, del amor,
mientras el pétalo dorado envuelto en llamas de tu vientre,
estalla en fuegos de artificio la tormenta.
Como las alas te abres de un insecto y te me ofreces.
Como se ofrece a una princesa,
la primera canción.

“Matame el tacto con la espuela de llanero y aquí,
marcame el torso,
poneme un yugo,
comete entera la raiz y haceme que el cimiento se derrumbe,
y aquí chupame el coso este que hierve,
partime toda a la mitad sin mirar dónde,
calame el alma de agujeros con los dedos,
fundime a cero,
doleme, reventame,
hasta que me parta como un rayo y en mitad de la noche,
jure que te quiero”.

28 de marzo de 2012

¿No es ahora cuando pasa una estrella fugaz?


Los pelos de los huevos flotando en la bañera como patas de araña.
Tu piel buscándome la piel debajo del pijama.
Todo eso, ya sabes-qué asco-, del amor.
Esta ridícula sonrisa pegada a mi cara como un cartel a una farola.
¿Ves aquel globo que gira alrededor de un árbol?
¿Aquella nube con forma de manzana?
Cuántas cosas.
¿Nuestras caras de idiotas reflejada en los charcos debajo del paraguas?
Qué de cosas.
Todo eso-qué asco- ya sabes, del amor.

Y tu lengua tu lengua tu lengua
tannnnnnnnnnnnnnnn larga.

Ya no consisto en nada que no sea estar dentro de lo dentro de ti.
Quiero ser pequeñito como un grano de arroz
y
correr entre tus tetas descalzo y dar,
saltos de alegría como Heidi, la niña de los alpes.
Quiero ser idiota.
Muy idiota.
Como Heidi, la niña de los alpes.

Alguien me dijo alguna vez que nunca
nunca
nunca,
sería feliz.

Se puede vivir con los ojos cerrados,
y cumplir todos tus sueños.
Y no abrirlos nunca
nunca
nunca,
más.

16 de marzo de 2012

Que


Te sacas del coño una chistera y del sombrero con la mano
un conejo blanco que apuñalas en el aire y que en sus tripas
guarda una bola de cristal donde me lees en voz alta que la gente
que come con la boca abierta no te gusta
y que estás,
muy embarazada.

Dices te amo como quien come pan.
De oreja a oreja.

Me gustan tus brakers en la boca.
Llenarte de raíces.
Comprarte zapatillas con forma de león.
No compres nada azul ni nada rosa amor.
Me gusta ver los globos en el techo,
celebrando que el mundo gira un día más.

Ni que nada te impida rodar sobre tu vientre
cuesta abajo a parir un ocaso en altamar.
Que se llame María.
María nada más.
Y al pasar, que la gente,
se detenga a mirar.
Por los ojos tan negros.
Por los rizos de sal.
Por su hermosa sonrisa de papel celofán.