28 de mayo de 2012

Coso y la teoría número tres


Hoy ha llegado al búnker y se ha dejado caer en su sofá de flores y ha ladeado la boca en una media sonrisa de clow desaliñado y ha entornado los ojos como si estuviera viendo irse su tren y me ha dicho mirándome a la cara que le ha venido la regla, y yo, que la amo, le he dicho no importa cariño, cuando en realidad, sé que lo más importante para ella en estos momentos de su vida, es parir un ángel que salve esta tierra del fracaso.
Esta tierra preciosa de árboles frutales y arroyos sin prisa y tormentas eléctricas.
De hombres y mujeres que sueñan con casas blancas y con ropa blanca y con almas blancas, todavía.
Un ángel, y acunarlo entre los brazos y armarlo con espadas brillantes, un ángel y cuentos por la noche de tres páginas con princesas y dragones, un ángel con risa de Sol, con ojos de Mar, con boca de pez.
Y salvar el mundo.
Al menos el nuestro.




23 de mayo de 2012

Elazar


Fue un polaco pelirrojo de la avenida Muller y madre irlandesa, podrido por dentro de un cáncer de estómago que lo había arrojado nublado de la cama a la calle con un cuchillo grande de cocina entre las manos y los ojos de una rata a matar a la primera persona que encontrara en su camino por el simple hecho de que seguramente nunca había sentido en la garganta el sabor a cobre que dejaba la quimio de los martes, y aún tenía toda la vida por delante.
Como Sara Jake, que en lugar de en su cama con colcha de croché y lacitos  rosas de crespón amaneció en el portal del edificio con las tripas por fuera y las pestañas del color de una botella de vino semiseco, tan muerta, como una pila de leña para la chimenea.
Al pelirrojo lo encontraron con la boca llena de cangrejos en el río, enredado en una rueda de camión que flotaba hacia el mar corriente abajo sin que nadie imaginara que sólo hacía unas horas, se había cruzado en la escalera con la estudiante de violín del segundo derecha y la había cosido a puñaladas entre peldaño y peldaño. Luego tiró el cuchillo por detrás de una tapia, se hizo la señal de la cruz sobre la frente, y se perdió en la noche hasta que un niño que volvía del colegio silbando Over the Rainbow por la orilla, de lo inflado, le confundió con un pez globo y lo acercó al embarcadero con una rama de eucalipto para atarlo a un hilo de tela de araña y jugar con él toda las tardes.

19 de mayo de 2012

Cosa y coso y la factura del taller


-Empieza tú Cosa.

-No, empiezas tú.

-Pero es que siempre empiezo yo ¿Por qué?

-Por si acaso.

-Bueno: a veces me gustaría, machacarte la cabeza con el mando de la tele.

-Ah....¿Y cuándo exactamente?

-Te toca.

-A veces...a veces... a veces...¿Pero cuándo? ¿Es por lo del coche?

-No es un coche, es un Camaro del 67, hay una gran diferencia entre un coche y un Camaro del 67, un coche es sólo un coche y un Camaro...

-A veces me pongo a mirar fotos nuestras, y en todas, estoy sonriendo.

-...es un Camaro, joder, hasta un niño lo entendería y en cambio...

-Y a veces, me gusta mirarte como si fuera la última vez.

-...tú...¿Cómo se puede estrellar un Camaro contra una farola? Un coche sí; pero un Camaro...Es como pisar las flores del jardín del Presidente o como follarse a tu hermana o como...

-A veces pienso en el hombre al que le estoy moviendo el azúcar del café, y todos los poros del cuerpo se me abren y un escalofrío todo me recorre desde los tobillos a la nuca, y pienso que te amo por tus manos tan brutas y tus dientes por toda mi barriga y mis tetas y mi espalda, y entro donde estás con tus cosas y te dejo el café sobre la mesa y te digo con los ojos que te estoy esperando en la cocina, con las piernas abiertas sobre el mármol.

-...¿Y en qué coño ibas pensando?

-Y a veces pienso en ti mientras conduzco.

17 de mayo de 2012

Cosa y coso y el amor mor mor


-Te quiero Cosa...

-¿Y por qué te has comido el último yogur de la nevera?

El astrolabio de Madame Dupont Clavier


¿Y si en el siniestro de tu mano escribes mi destino
-yo qué sé, de geometría-, y si?

Qué sé yo de de Siderias y colas de cometas y ni estrellas.

Yo sé de ombligos y de amarras.
De andamiajes contigo y de subirme al sobrecielo de tu boca de savia.

Sé de comerte el coño con un palillo chino,
y traerte, de la guerra, rosas rojas en el pecho.

Ni de la hora incierta de mi muerte ni del verbo mañana.
Ni sé de un día que termine en adiós,
ni en para siempre,
ni sé nada de nada,
que no sea contigo.

¿Y si tu esfera luminosa
-la que guardas debajo de la cama-,
decide de repente que te abrace y te apriete y te tuerza y te rompa en mil gritos
-como te gusta-,
en mil pedazos
-como tú quieres-,
una y otra vez y así hasta que?

Y qué sé yo si yo no sé,
ni ponerle nombre a eso que haces con los dedos de los pies.

Porque pareces que,
cuando me miras,
todo,
ya.
Que no te importa que revienten los planetas circundantes.
Que todo es.
Y que sólo en la palma de tu mano cabe el Mar
que tanto me soñé.

16 de mayo de 2012

Gringo y la chica con diez lunares blancos en las bragas


Que si no te te te.
Que si es que me.
Que si me olvido.

Yo que te abrazaba como el sol a la cebada yo,
que no me acuerdo ya yo dices ya,
de nada.

De cuando el viento.
Cuando la risa.
Yo que te que y te te te y tanto y tanto
bajo un paraguas esperando el autobús,
yo que ya no,
de cuando todos los pájaros miraban desde las copas de los árboles
los dedos de tus pies diciendo sí sí sí sí quiero más.

Yo que te pierdo.

Que no me alcanzas.

10 de mayo de 2012

9 de mayo de 2012

7 de mayo de 2012

Mandriles


Cuando mi hijo salga de tu vientre voy a comprarle unas botas de pisar charcos.
De tu vientre.
Voy a dejar que ruede por la hierba.
Voy a rodar con él por la hierba.
Voy a enseñarle a decir gracias: “Gracias, su café está muy bueno”; “Gracias por dejarme pasar en la caja del súper”; “Gracias mamá, por este regalo de la vida”; “Gracias vida”.
Porque la vida es hermosa. Con todos sus leones y sus avalanchas de nieve y sus orquestas sinfónicas y sobre todo las nubes, sí hijo, las nubes. Tan importantes para el hombre que quiere soñar.
¿Cómo se puede soñar sin nubes?

Enseñarle a decir por favor.

Y enseñarle a decir: “Tu puta madre”.
Si me haces daño.
Si me humillas.
Si te aprovechas de que soy, un ser de luz. Tu puta madre. Con todos mis dientes.

Voy a decirle que sea un espejo. 

Y a no tener miedo de tener miedo y a no tener miedo de uno y miedo de la oscuridad. No hay nada en la oscuridad que no estuviera antes.
Y a estar solo. 
Porque estamos solos.

Voy a mostrarle qué es el agua fresca en la cara y los pétalos de las flores volando por el aire de una pradera inmensa y las pelusas de polvo de debajo del sofá y las fotos de cuando su madre y yo éramos soldados y hacíamos la guerra al resto del mundo, y, que la música hay que escucharla con los ojos cerrados y, esa mierda de las abejas y París y las cigüeñas- “Las personas follan. Esto se mete ahí y pasa que y luego porque el útero matriz pintar la habitación coño coño las facturas el despertador a las seis de la mañana niño niño no hagas esa cara las personas, follan”-.
Y algunas se quieren.
Yo quiero a tu mamá.
Me gusta ver películas tontas con ella y verla llorar porque a la chica le ha salido un cáncer y él no la suelta de la mano hasta el final.

Voy a enseñarle el idioma de las olas y a distinguir entre cucharilla pequeña y cuchara sopera y a escuchar cómo se mueve la ciudad y que detrás de todas esas ventanitas, hay seres humanos.

Voy a decirle que todo el mundo se equivoca.
Y que no se rinda. 
Jamás.
Nunca.

Aunque sea lo único que aprenda.

3 de mayo de 2012

Sub


No soy guapo.
Ni listo.
No tengo dinero.
Ni una polla enorme.
Ella es como un bizcochito de nata con un limón de guinda.
Primero te comes la nata.
Y luego el bizcochito.
Y más luego te quedas mirando el trocito de limón.
También te lo comes.
Está amargo.
Está rico.
Ella tampoco tiene una polla enorme.
Ni dinero.

Pero tiene paciencia.



1 de mayo de 2012

Así que eso era lo que había dentro de las nubes...


Le gusta que la muerda.
En cualquier parte.
Como sea.
Luego me enseña desde dónde hasta dónde, es mía.

He olvidado su nombre de llamarla de otro.
Como a un pájaro en la cuenca de mi mano.
Como siempre miré el Mar.

¿O vivir sin vivir sin ventanas ni techo?
Sin esqueleto.
Sin alguien que sostenga, todo esto.

Le compré una nevera.
Nunca he tenido una nevera.
Ella aprendió por internet a hacer el nudo
de mis corbatas.

“¿Cómo de mía?”

Le gusta que la mame.
La lama.
La lengua como un cuadro de nudos marineros,
y los nudillos blancos de aferrarla.

Dispara amor como un revólver
con sus ojos de fruta envenenada:
“Tuya de muerte”

¿Y perderme este azul cada mañana?
¿Que vuelva con peras del mercado?
¿Que me la chupe?

Mi vida era una mierda sobre el césped.
Ahora está llena de facturas.
De tierra para gatos.
De croquetas.
De entradas para el cine.
De masajes en los pies.

Y otras cosas pequeñas.