27 de junio de 2012

What will you do with that?


¿Qué se puede esperar de una tía que marca pezuña por la calle?
Que va al baño con ipad.
Que ha visto Casablanca, ciento cuatro veces.
Estoy harto de escuchar esa canción.
Muérete Sam.

Le he clavado un hacha en la cabeza.
No ha sufrido más,
que todos estos años haciéndose la cera.
Para estar guapa.
¿Guapa?
Hubo noches en que no pude dormir
escuchando sus latidos de vaca,
sus babas de mulo cayendo en la almohada como brea,
sobre un sinfín de flores blancas.

La cortaré a pedazos.
Usaré bolsas de plástico.
Nadie va a ocuparse de mirar debajo del cerezo.
Plantaré encima apios.
O una caseta para perros.

Iré a Hawai.
O al bar de abajo.
Me fumaré un cigarro.
Y nunca más tendré que escuchar como susurra la gente:
“Mira que culo. Es increíble”.
Deberían haberla visto devorar helados,
sentada en su agujero del sofá.

“Bernard, ¿has visto la botella de Four Roses?”
Puta borracha.
Una vez se olvidó al niño en el colegio.
Cruzó la calle.
Se llamaba Carmichael.

Tal vez le escriba a Natalie.
Tenía una sonrisa preciosa, y sabía dónde estaba plutón.

23 de junio de 2012

Que ahora o nunca


Mecerme al viento, vibrar como la cuerda de un piano, casi romperme.
Abrigar con las yemas la cúspide del trigo,
y amo casi todo donde casi todo es por defecto, amable.

No vivir con los puños cerrados.
Con los ojos vacíos.
Sin esperanza.

Amo aguzar la vista y otear las azoteas en busca de la nube perfecta-
y pensar que hubo un tiempo en el que sólo fui un cobarde-,
mientras en Babilonia suben las acciones de a ver quién jode a quién.
Advertir como ondea en la ventana la cortina
-la tele dice que es mentira, que no hubo tantos muertos-,
y esta luz a la caída de la tarde.

Abrirme paso entre tu curso delicioso de ámbar.
Saberte a oscuras.
Saberme ancla, y delirarte: “Dime que soy azul como un día nuevo”.
“Que huelo a Lirio”.
“Que nuestro siempre es siempre este".
"Que ahora o nunca".

21 de junio de 2012

Idiota


Elevado, nuclear, infinito;
pero absolutamente todo en esta vida tiene un precio.
Es bueno saberlo por si acaso
uno se tropieza con el diablo:

“-Te doy tres cuartos por tu alma.

-Más.

-Trescientos años.

-...

-Las llaves de este mundo.

-...

-La eternidad.

-La quiero a ella, por un sólo segundo otra vez viva entre mis brazos.

-No vales tanto”.

19 de junio de 2012

La herencia de Copérnico


Y entonces empezó a hablarme de un tal señor Duck, un tío que se había hecho millonario tras abandonar la carrera de filosofía y que hasta tenía una calle con su nombre en Belgrado gracias al soplo de un compañero de cuarto en la universidad, un físico judío llamado Thiago, que justo antes de que el por entonces joven señor Duck saliera por la puerta como todas las tardes para ir a recoger a su bonita y rubia novia a la pizzería donde trabajaba por horas para pagarse la carrera, le susurró al oído la ecuación perfecta, mientras le enderezaba la corbata.
Aquella misma noche en vez de hola amor, bajo la lluvia, le dijo a Be que ya no la quería, que en realidad, nunca quiso a nadie, y que a partir de ese momento, lo único que le interesaba en el mundo era satisfacer todos y cada uno de sus deseos, pasando por encima si hacía falta, de cualquier cadáver.
Luego comenzó a caminar mientras pensaba en las palabras de Thiago: “No le hagas caso. Es sólo un músculo”.
En la segunda esquina ni siquiera se acordaba de cómo se llamaba la chica del paraguas, y cuatro manzanas más allá, ya tenía perfectamente claro lo que iba a decirle a su padre: “Quiero un despacho con vistas al río y una secretaría que me la chupe debajo de la mesa. O le cuento a mamá lo tuyo con el vicepresidente”.

“Pero que no sea rubia”.

12 de junio de 2012

The small pony to the sea


Sonaba una canción de Jhonny Lang, un joven bluesman de carretera que tocaba la guitarra con la punta del nabo y cantaba como un ángel enganchado a la heroína. Yo sostenía por entonces el cigarro en los labios como si el mundo fuera a acabarse de un momento a otro delante de mis ojos. Últimamente, todo era una mierda, y la verdad, lo único que aún me apetecía aquella noche aparte de que un tren de mercancias me pasara dos veces por encima, era mirar la enorme pradera de hierba y tulipanes que se extendía hasta el infinito tras los cristales de la habitación de hotel más fea y desconchada de Detroit- aunque en realidad, en la pared de enfrente sólo hubiera un farol y un par de salamandras acechando como tigres en silencio los mosquitos-, mientras me preguntaba una y otra vez absolutamente en vano, quién se estaría follando a Monique en aquel preciso momento.

Y entonces salté por la ventana.

Algo más tarde descubrí que lo único que alguien debería sentir por alguien como ella (que me había cambiado por otro dos días antes de la boda como a un cromo por la sencilla razón de que se había dado cuenta de que yo, siempre iba a ser un fracasado), era asco. Claro que eso fue después de tocar fondo, y dormir muchas noches en la calle y de que todo el que pasara por mi lado, me llamara maldito borracho hijo de puta, qué mal hueles.
En cambio Monique siempre olía bien. Tenía decenas de frascos de perfumes en la casa, y fotos donde siempre ponía aquella estúpida sonrisa perfectamente ensayada. Fotos jugando al tenis. Escalando. Tomando el sol en Grecia. En Turquía. Esquiando en los alpes. Fotos con tartas. Con niños rubios. Con un dentista.

Ahora trabajo en un Mac Donals.
Tengo una novia.
Está gorda.
Pero nunca me ha preguntado por qué tengo una placa de titanio en la cabeza, ni si me duele tanto que por eso algunas noches todavía aún se me escapa por la boca sin querer, el nombre de un cisne en francés.

Y además, tengo una gorra en el trabajo con mi nombre.

11 de junio de 2012

Párrafo “¡Uy!” versículo “por poco”


Puede que nunca llenemos la bañera con champán, son malos tiempos pero;
tal vez de agua con gas y hacer aquello de:
“arriba el periscopio” con la polla.
O lo del buzo, lo de meterte el dedo gordo del pie izquierdo por ahí
mientras te leo el Reader's Digest.

Ya sé, ya sé, que eres presidenta de una asociación
en defensa de los animales.
Hasta de los cerdos como yo.

Olvida lo del patito.



8 de junio de 2012

Hoja de ruta


Pondremos tu shorts a veinte metros como uno de esos conos
que avisan al tráfico
de un peligro en la vía:
“Estamos follando en el asiento de atrás”.
Así si the Ghost Rider nos encuentra en el desierto,
tal vez se apiade de mi alma,
y deje que me corra en tus brakers la última vez.

Nadie me la chupa como tú.
¿Recuerdas aquel tipo de Kentucky?
¿El del tiro en las tripas?
Se le estaba escapando la vida,
y no dejaba de mirarte el culo mientras,
te lo tragabas todo.

Robemos otro banco esta tarde.
Compremos Minnesota. ¿Te gusta Minnesota? Yo
te quiero tanto que,
no me importaría,
ya sabes, tener ese bebé.

Mira, otro ciervo en mitad del asfalto.
Agárrate fuerte.
Seguro que hacemos un home run.

7 de junio de 2012

My Queen


Quería una mesa larga y ancha
con platos encima de cerámica blanca.
Una mesa de hombres y mujeres
manchados de carbón
-de yeso, de tierra, de sudor-,
y niños robustos como botas de montaña
metiendo la cuchara en el arroz, quería,
una
puta
vida.

Que las plantas crecieran en aquella ventana,
y en esta, y en la otra, que hubiera,
caracoles trepando los cristales, y lluvia, mucha lluvia contigo abrazados así,
así,
así...
lejos del mundo.

Sentarse en el sofá y meter la mano en una enorme caja de cartón llena de fotos.
Ver pelis malas.
De esas que te duermes, y aunque no haga frío, alguien te tapa.
Quedarse hasta muy tarde los domingos en la cama.
Follando claro. Entre migas de pan y de galletas.

En vez de tanta noche de agua y sal entre los labios.
De tanto lo podrido por dentro de los años.
De tanta gana de y de tanto nunca. Si alguna vez lo hubo.
De tanta piel sin manos
De nada que arrancarse,
ya.

De tanta niebla.

4 de junio de 2012

Canalla


Sí, es verdad, tengo problemas.
Pero son míos.

La he mandado al carajo.
Se ha ido.

He buscado en el mercadona.
En la peluquería.
Debajo de la cama.

Cinco minutos, y ya se me sale el corazón.

Cada paso que escucho subir las escaleras
es como una pelotita de pin pon.
Las llaves el nic ñic el plom, y vuelvo a respirar.
Le pido perdón.
Se calla.
¿Eso es que sí o que no?
¿La beso?
¿No la beso?

Soy un cabrón.
Es la persona más bonita del mundo y yo,
sólo soy yo.

1 de junio de 2012

Dolor número 1356


Una sierra.
Un tobillo.
Ras ras ras.

Eso es dolor.

Que te follen sin ganas.

Que no te mire a los ojos cuando dice yo, también te quiero.

Un martillo.

Un huevo.