16 de enero de 2013

38 de septiembre


He puesto una lavadora. Ha hecho mucha espuma. Ella solita ¿Eso es así? ¿Más espuma que una ola con cresta y surfistas de piel cobriza y ojos azules? ¿Más que un enorme helado de nata con nueces californianas y una guinda roja roja roja y grannnnnnnnnnnnnnnnnde encima? Y ese ruido del centrifugado...Da miedo. He cerrado la puerta de la cocina y me he encerrado en mi cuarto a leer a Whitman. Me imagino el tambor saltando por los aires y derribando paredes por toda la casa, arrasándolo todo a mil doscientas revoluciones por minuto y cortándome la cabeza de un tajo.
Hay un charquito misterioso a los pies del monstruo. Cada vez más grande. En pocos minutos tengo que usar el cubo de la fregona. Tal vez he puesto demasiado detergente: “Un vasito por cada...”
No me acuerdo cuántos vasitos he usado. Varios. Más de uno.

El salón es un estanque.
Me he subido al sofá.
Necesito mis camisas mañana.
Cuando baje la marea, supongo.

The commitments