22 de enero de 2013

Al abordaje


Alza la vista un momento del libro y con los ojos, me dice que se estaba muriendo por mis huesos, que qué frío en los pies, que qué hago ahí, descalzo, parado como un tronco, pareces tonto, vení a besarme ya la boca, mira, lo que tengo para ti.
Vuelve a posar de nuevo la vista en la página cincuenta y me dice:

-¿Qué haces aquí?

-Es mi cama.

-No importa. Me voy al sofá.

-Hace cuatro grados bajo cero en el sofá.

-Si me tocas te...

Si la toco me dará un puñetazo en la barriga, a oscuras, seguramente en los huevos, si la toco me morderá en un ojo, o me dará en la cabeza con la lamparita, o empezará a darme pellizcos hasta que le duelan los dedos o me meterá la rodilla en las costillas, si la toco.

-Eres un hijo de puta. Te has puesto ese perfume.

-Lo primero que he cogido. Tenía espuma en los ojos. Duérmete. Mañana será otro día.

-Mañana será una mierda. Como hoy. Por tu culpa.

-Siempre es por mi culpa.

-Siempre. Mientras yo viva.

-Estoy harto de que me des pellizcos.

-No te he hecho nada.

-Todavía. Porque te voy a tocar.

-No me vas a tocar. Tengo sueño.

-Pero si no te callas.

-Pero tengo sueño y te odio.

-Ya te he pedido perdón quince veces.

-Trece. Y sin ganas.

-Al final me vas a perdonar. Y entonces a lo mejor no te quiero tocar. A lo mejor nunca más te quiero tocar. Porque bla bla y bla.

-Qué bien hueles...

-En serio. Llevas razón. Soy un capullo y debería estar bajo las ruedas de un camión. Quiero dormir. Es lo único que me apetece. Qué descanses.

-No te has puesto calzoncillos.

-Se me ha olvidado. Da igual.

-Si me pides otra vez perdón te perdono.

-Estoy dormido.

-Vale, te perdono.

-No te he pedido perdón, he dicho que...