14 de enero de 2013

Blonde, muy muy Blonde


¿Quién no recuerda el día en que La Belle apareció toda de rojo y ondeando su larga cabellera rubia al viento en el entierro del polaco? La boca roja, los zapatos, el bolso, las gafas y un collar con treinta y siete perlas en forma de cereza que el viejo le había regalado hacía apenas dos noches de hotel.
Nadie preguntó quién era.
Quien quiera que fuese no venía a llorar: “Estoy embarazada de esa basura”.
Por supuesto era mentira; pero la viuda le extendió un cheque por veinte de los grandes que La Belle se metió en el canal de Panamá, para que se fuera a Londres de vacaciones.
Nadie iba a tocar la puta herencia de la gorda.