13 de enero de 2013

El lodo


Bebé ha muerto. Le escuché crujir dentro de mi barriga.
Ya no será maestro, ni médico, ni acróbata.
Y menos futbolista.
No dará el primer paso.
No estrenará su cuna.
Se quedó quieto.
Sin ver la luz.
Sin un nombre.

Mi esposo dice que lo entiende.
Que todo pasará.
Que me ama.
“Bebé no está”, le digo,
con las manos vacías,
con los ojos vacíos,
con las tripas vacías,
con el amor vacío.

Que lo entiende.

Si no lo entiendo yo.