20 de enero de 2013

La flor del azafrán


¿Te acuerdas de cómo me besabas mientras llegaba el autobús?
¿Y del día que entraste en una tienda a comprar gomas del pelo?
Me pusiste una roja.
En este dedo.

Todavía quiero.

De nuestro árbol. ¿Te acuerdas? Debajo no llovía. No hacía frío. Ni te arrasaba el sol ni los vecinos te acosaban desde el porche-“Qué vergüenza, como si fueran animales”- ni, se escuchaba el ruido de los coches ni los barcos ni las guerras ni los fines del mundo venideros ni la voz tremebunda de dios pidiendo cuentas ni el azul de la luz de un hospital ni la metralla de mi madre sentenciándome a muerte si te abría otra vez la puerta.
Nada que no fuéramos nosotros, latiendo como dos desesperados.

¿Te acuerdas de cómo le partiste los dientes a Fernando?
“Si la tocas, te mato”.
Te nombré mi héroe oficial delante de todo el instituto y nos fuimos de allí cogidos de la mano. Me sentía invencible.

De cómo un día llenaste la casa de hojas secas porque yo estaba triste, de velas encendidas y varitas de incienso y pájaros del parque y una farola vieja.
De cómo me abrazabas.
¿Te acuerdas de por qué?

Sandstorm