3 de marzo de 2013

¿CDC?, quinto


Querido diario:

Le estoy haciendo daño a todo el mundo.
Casi no estoy con mamá últimamente. Y cuando estoy me mira como si ya no estuviera. Nunca encuentro las palabras para decirle cuánto la voy a echar de menos.
No sé qué haría sin Bed. Nadie debería pasar por esto sin Bed.

Estuve allí el jueves. Ya sabes dónde. No quiero hablar de eso. Llevo semanas masticando ese olor a quemado entre los dientes.

Y he conocido a un chico.
Un chico sin prisas. Aún no me ha besado.
Tiene un avión en el salón. En vez de una mesa. El techo es tan alto, que sólo le falta un trapecista, y en vez de un jardín con tulipanes, en la parte de atrás tiene una pista de aterrizaje, en mitad del desierto. Fumiga campos. Le dije, tengo frío, mientras el sol se escondía tras las dunas y, de repente me abrazó, y, no sabes, querido diario, cuánto hace que nadie me abrazaba así, cuánto de nunca, como, si me hubieran puesto un traje de princesa, mi pelo al viento, los pies descalzos, el horizonte, y el vapor de su boca erizándome, una a una, cada vértebra.
Después me trajo a casa, y se fue sin darme un beso, que yo estaba deseando.
No debería estar pasando. Pero pasa. Pasa y me gusta.


Continuará...