28 de abril de 2013

Donde habite el Fénix


¿Por qué Krakatoa?

Una a tras otra, las señales me habían traído hasta aquí. Y aquí acabaron. Nada volvió a sugerirme ninguna flecha apuntando en ninguna dirección.

Todo empezó hace once años. En el museo de arte contemporáneo de Bratislava. Colgado en la pared, dentro de un pequeño marco no más grande que un paquete de tabaco, la frase me detuvo en el centro de la estancia, sobre el suelo de mármol. No había nadie más. Una sola frase. Pintada en una servilleta. Una frase corta. Bajo la luz de una bombilla: “Se fiel a tus sueños”.
Dos días antes había comprado una pistola. No llegué a usarla, es evidente; pero la vida no sólo me parecía una auténtica mierda, si no que había perdido la esperanza. Y no se puede vivir sin esperanza. Así que, supongo, que aquella frase fue el principio de todo.
Hasta entonces los días pasaban por encima como ruedas de tractor, días tremendamente aburridos, vacíos, y sin valor desde el accidente.

Pasé la tarde dándole vueltas a la cucharilla de café.
Acordándome de cuál era mi sueño, y en mi sueño, siempre estaba ella.
Ella elegía las cortinas; ponía flores en latas de tomate; se presentaba en casa con un perro...Cuando perdió el bebé no la vi llorar. Un día me abrazó por la espalda y me dijo al oído, “...”.
Pero sé que lloró.
Nunca se empieza desde cero. Eso es mentira. Pero Alicia tenía razón: “Lo importante es que la vida continúe”.