21 de abril de 2013

No sabes la suerte que tienes


Quédate un día mirando a tu mujer profundamente mientras duerme.
Imagina que nunca, de nunca de jamás, de para siempre,
volverá a abrir los ojos.
Que dejará de respirar.
Que mañana, y el otro, y así, hasta,
nadie más va a hacerte croquetas de pollo como ella.
Ni te la va a chupar como ella.
Ni se va a reír contigo, contigo de ti como ella,
y de lo fácil que es domesticarte con ave de corral,
y un lacito en la polla.

Bésala en la frente en el cuello en las escamas.
Escucha su tic tac de Fujiyama,
el pum pum pum,
sus ramas golpeando en el cristal de la ventana.
¿No es preciosa?
¿No lo ha sido siempre?