30 de mayo de 2013

Abril sin abril


Tras la lluvia volvimos a casa descalzos de la mano por la hierba y justo antes,
de que el sol se ocultara en la colina roja,
se puso en movimiento la perfecta maquinaria del amor.
Un sólo beso y el mundo había cambiado por completo.
Nada estaba en su sitio. Todo tenía otro color,
que nunca habíamos visto.
Pusieras la emisora que pusieras,
todas las canciones hablaban de gaviotas, de flores, de farolas.
Las horas para verte eran planetas,
a miles de años luz de tu portal.
Los minutos aceite,
y a partir de las siete, los sábados de allá,
cada segundo, mía, en la fila de atrás.

Ahora estás gorda.
Te faltan dientes.
No te afeitas las piernas.
Ya no te quiero.

Hace tanto que ya no te quiero.