13 de mayo de 2013

Gratia plena


He remado a tu orilla tantas veces que mi barca,
mueve el rabo al verte.
Atracar en tu lecho, atar un cabo a tu noray y quedarme dormido a barlovento,
sobre tu pecho,
mientras mi barca canta un fado de cuadernas y aparejos.

Y tantas que, de veces, mi barca sabe ir sola y cuando vuelve,
trae en en el mástil de bandera tu vestido.
El de lunares.
El júpiter de organza, aquel brocado,
con estrellas de mar y con encajes, de espuma blanca.
Tu vestido azul tu, pirueta, tu traje de ir descalza por la arena,
contando caracolas porque sí.