26 de mayo de 2013

Te estoy apuntando por debajo de la mesa


-Cuando dices que vas a ayudarme a cocinar ¿a qué te refieres exactamente?

-¿Qué estoy haciendo mal?

-Todo. Hay más patata en las cáscaras de las patatas que en lo que te queda de la patata. ¿Y esto qué es?

-Una rosa.

-Una rosa con el único tomate que había en la nevera para las lentejas. ¿No ponen nada en la tele?

-¿Me estás echando?

-Mira, hay cosas que haces muy bien, por ejemplo: follarme viva. Y hay otras, que haces fatal.

-Y tú todo lo haces bien.

-Yo no me he comportado como un cerdo...

-Te he dicho que fue sin querer Carolina. Veintiuna veces.

-Me encantaba ese jersey. No había otro en el mundo igual. Tan calentito. Tan...no me lo creo. Eres un cabrón y lo has hecho queriendo. Parecía una rata mojada. Y, no sé, si la lana sufre ¿sabes?; pero si a mí me meten en la lavadora a noventa grados, me despellejo. ¿Es por lo del sábado? Seguro que es por lo del sábado.

-Carolina...

-¿Tú me vas a querer siempre?

-...vamos a un chino...

-Vi como ponían a mi hijo en un cacharrito de acero inoxidable. Era como un ratón. Como un pájaro muerto.

-...y después nos comemos un helado.

-Es como tener un hueco enorme ahí dentro, un hambre, y todo, pesa tanto. No me apetece cocinar...por qué...no vamos a un chino y luego nos comemos un helado.