18 de mayo de 2013

Vía Moretto


Benita San Siro era la mujer más bonita del pueblo,hasta tal punto, que todas las demás, todas las noches, rezaban antes de dormir una plegaria a la virgen del Simún, a ver si podía ser, que a la Benita se la llevara un viento lejos lejos lejos y a los chicos les diera por mirar a otro lado que no fuera: el culo hecatombe de la hija del herrero; las piernas, como columnas dóricas de la hija del herrero, interminables; los hermosos tobillos sosteniendo todo aquello de la hija del herrero; el pelo suelto, dorado y luminoso, flotando en el ...manifestándose; el ritmo en las caderas, el suave balanceo de sus hombros, cada paso, la Benita, hija de puta, que tenía copado el territorio de palomos, sólo con asomarse a la ventana.
Y además era lista. No miraba a ninguno.
O era muy tonta, porque hasta habían venido a verla hombres desde la mismísima ciudad, con muchísimo dinero.

Por las tardes se escuchaba piar a los pájaros sobre entre las nubes, muchísimos, todos esbeltos y magníficos, mencionando su nombre con el pico, mientras marcando círculos con-céntricos en el cielo, comían mosquitos.
Por las tardes, un nutrido grupo de muchachos iba a hacer cola sólo para verla, apostándose, bien en farolas o barandas, o barquitos de papel con la vaga esperanza de que la Benita asomara su perfil por la ventana.
A veces, por la tarde, Benita se asomaba.
Y entonces era mayo, de repente, aunque fuera septiembre, y bajaba al jardín, y de repente, como mayo, todo era ropa limpia, blanca, y corales, y una playa azul turquesa, en lontananza. Y entonces se ponía a caminar, y todos los centauros del desierto, se arrodillaban a escuchar en el asfalto cada uno de sus pasos sobre la tierra húmeda del patio.
Porque nadie suspiraba como ella. Bajo el naranjo.

Dicen que la Benita mataba los gatos desde lejos, cuando era chica, sólo con mirarlos.