19 de junio de 2013

En busca de Ukabuca, de vuelta a casa


Las he probado todas. Las grandes, las pequeñas, las blancas, las redondas, las de una tonelada...

-Pom pom pom.

-La puerta está abierta.

-Por eso hago el ruido con la boca como si estuviera cerrada. ¿Se puede?

-Pero si ya está dentro.

-Porque la puerta estaba abierta.
Los pinguinos de la habitación 37 dicen que han estado escuchando ruidos extraños toda la noche. ¿Eso son las ruinas de un castillo?

-Sólo son piedras. No dijo usted nada de piedras.

-¿Y para qué quiere tantas?

-Sólo necesito una.

-¿Y no sabe cuál es?

-Ni siquiera sé si está en esta habitación.

-No se ponga así hombre, está usted gris. ¿Sabía Miguel Ángel dónde estaba La piedad?



El servicio de limpieza pasó un rato más tarde.
Cuando volví de desayunar no había ni una sola piedra en la 36.
Nunca encontraría Ukabuca.
No sin la piedra brújula.

Cloc-cloc-cloc-cloc.

Y entonces tropecé con algo que rodó hasta debajo de la cama, y de debajo de la cama, saqué esto:


Y cuando la puse en mi mano para arrojarla lo más lejos posible de mí, a la puta mierda, pasó esto:







 Y pude oír su voz, diciendo “Vuelve a casa, Ukabuca no existe”.

¡No te creo! ¿Me oyes? ¡No te creo! ¡No puedes hacerme esto piedra de los cojones, tienes que decirme dónde está!

Pero no dijo nada más.

Volví al faro.

Y no había nadie. Hacía años que no había nadie.

Busqué al capitán.

No había ningún barco que fuera a ninguna isla, de hecho, ni siquiera había una isla.

Llamé a la puerta de la 37 y un alemán en pantalones cortos me dijo que no sabía nada de pinguinos.

El recepcionista me alentó a ir al ambulatorio. Era un tipo normal, con gafas graduadas, y tenía encima de la mesa una revista abierta en la que podía leerse un artículo sobre bricolaje.

Pero yo sé que Ukabuca está aquí.

En alguna parte.

Si yo me he equivocado tantas veces, ¿por qué no iba a hacerlo una piedra brújula aunque fuera una sola vez?

“Nadie puede mentirle a una piedra brújula”.

Si existen las centrales nucleares,




La sinrazón,



El miedo,


El desconsuelo,





puedo inventarme que existe aún un lugar donde empezar de nuevo.

Cada vez.


Desde el principio.



Volvamos a casa caballo,


tenemos mucho trabajo por delante.







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