16 de julio de 2013

Sniper


La primera vez que la vi llovía que te cagas. Y entré a tomar café. Creo que llovía tanto sólo para que la conociera, porque el café que me puso era una mierda, y como ya no podía irme de allí sin saber como se llamaba, pedí agua. Con gas.

“-Me llamo Claudia ¿Y tú?”

“Yo me llamo daría un huevo por estar a un centímetro de ti. Y a menos, los dos”, pensé.
Quise decirle que era la mujer más bonita de todas las mujeres bonitas del reino de las mujeres bonitas de Bonitilandia que había visto nunca. Quise decirle que me daba igual si estaba casada o no, si era lesbiana, heroinómana, si se iba a morir de una enfermedad terminal, si estaba con la condicional, si tenía siete hijos, quise decirle toma, el mando de la tele, el último yogur de la nevera, mi Playstation, quise decirle amor, y dije Pablo.

Y ya no he dicho nada más en cuatro meses.
Vengo todos los días. Aunque no llueva.
Siempre pido café.
Siempre me pone una mierda.