25 de julio de 2013

The bride


Cada once mil seiscientos quince años millones de crías de anillos medusa emergen a la superficie desde sus nidos a miles de kilómetros de profundidad en el océano, para alcanzar la orilla con el único objetivo de encontrar una princesa coliflor y desposarla con un sapo de charca. De entre la ingente masa de estos extraños artilugios marinos sobre la playa sólo uno sobrevivirá-mientras todos los demás morirán en la arena buscando deseperadamente un dedito donde ponerse a esperar, ilusionado, el día de la boda-, convirtiendose así en un tesoro único y de un valor incalculable.
Es por eso que la prometida, es de pronto dotada del hábito de soñar despierta en la medida en que aprecia con el paso de los días cómo el anillo parece susurrar, y así (de pronto, en un estado de embriaguez emocional parecido a encontrarse la bicicleta roja el día de reyes bajo el árbol o más bien como estar orbitando todo el tiempo sobre un eje imaginario), se va tiñendo de colores que nunca antes nadie había visto, y se pone a brillar, como una lamparita de queroseno y a decir en voz bajita: “Vente a vivir a mi zapato”.