29 de agosto de 2013

Coming soon


Mientras el planeta se destruye tú y yo podríamos construir un bastión desde donde ver el fin del mundo comiendo pipas de calabaza y granizado de naranja. Porque esto, amor, se va al carajo. Hoy he visto en la tele a un chiquillo robar a punta de pistola de una sala de partos el bebé de una norteamericana llamada Jane, y venderlo en una esquina del soho por un puñado de bolsitas de crack.

Podríamos plantar azucenas. Podríamos follar en la ducha. Podríamos tumbarnos sobre el césped a escuchar los grillos, y hacer figuras en el aire con la punta del dedo. Bajo las estrellas.

Un día la gente se echará a la calle. Con palos. Con rabia. Con la intención de tirar la puerta abajo de las grandes mansiones del poder y acabar de una vez con la barbarie. Con la privatización del aire el agua y las sales minerales y los centros hospitalarios y los hidratos de carbono y los colegios y la luz del sol y el derecho a soñar.
Y lo hará con más barbarie. Incendiando las cortinas. Arrancando el papel de las paredes. Izando otra bandera.

Podríamos.

Yo estaré allí. Delante. Armado hasta los dientes.

Para que nadie nos quite el horizonte.


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