5 de agosto de 2013

Umami


La primera palabra que me dijo, fue ¡clin!
-la noche caía sobre mí como un montón de mierda-.
La segunda “te quiero...”.
La tercera fue un tiro en el pecho: “...y vas a morir entre mis brazos”.

Por supuesto saqué la artillería pesada.
Me dije tosco, descabellado, casi un psicópata.
¿Y sabéis que contestó?
“Te recojo a las cuatro”
-que son las cinco-.

Cada noche me entierra entre sus tetas.
A salvo de las luces de los coches, los tigres y las lenguas, de lava ardiendo.
Y la amo por su temperatura.
Porque siempre tiene hambre.
Porque va a regalarme una gorra con mi nombre.
Mi verdadero nombre.
Por lo que come.
Y porque escupe mis huesos en el plato.