12 de septiembre de 2013

Gigantes


Hoy le hemos regalado a mamá un poltergeist. Un poltelrgeist consiste en...bueno, la hemos llevado de la mano a la cocina, y cuando le hemos dicho “ya puedes mirar”, casi se desmaya. De la alegría. Tenía los ojos muy grandes. Nunca la habíamos visto abrir tanto los ojos. La verdad es que tenía los ojos raros. A lo mejor no era de la alegría. Un poltergeist consiste en que-como a ella...-, dejar todas las puertas abiertas-...le gusta dejarse las puertas abiertas...-. Como cuando para hacer una fritada de croquetas de pescado parece que ha pasado por allí un ciclón tropical, con palmeras y tal. Así que lo hemos abierto todo todo todo. Las puerta del horno; la del microondas; la del frigorífico; la del lavaplatos; las puertas de los muebles; los cajones; la alacena; la despensa; los botes de ketchup; los de leche; las latas de tomate; las de aceitunas; los paquetes de queso, de york, de carne congelada; los tarros de mermelada; las botellas de cola; el brick de mahonesa; el cacharro de la sal...
La hemos dejado en la cocina diciendo no sé qué sobre Vietnam, y nos hemos ido al patio a embalcar pelotitas de goma en el tejado. Las tiras, y como el tejado está inclinado siempre vuelven. Hasta que no vuelven. Pero hasta entonces siempre vuelven. Lo divertido es que no lo sabes hasta que no las ves aparecer de pronto y caen al suelo desde tan alto. O no. A veces, cuando nos quedamos sin pelotitas, tiramos otras cosas. Pero no son redondas. Cosas que encontramos por ahí. Mamá lleva buscando el ratón de su ordenador una semana.

Luego hemos jugado a ver pasar aviones. Vuelan muy alto y parecen estrellas cruzando el cielo, con sus luces rojas parpadeando y sus ventanitas encendidas con gente dentro leyendo a Herman Hesse o arropándose para dormir en una mantita de cuadritos verdes. Algunos nos saludan con la mano. Otros nos gritan sacando la cabeza que van a Groelandia, a buscar osos blancos para el gran circo mundial en miniatura del Rey de Caledonia y otros, dejan caer pañuelos blancos sobre el césped, hasta que parece que ha nevado.

Después mamá nos ha llamado. Mañana hay cole. Hemos cenado miel de abejas, hojas de lis y leche de ballena. Satélite se ha puesto su pijama de focas con balones de playa en la nariz, y se ha metido de un triple mortal en la cama, sin red.

Me he fumado un cigarro.
Mamá me ha regañado.
Porque parece mentira dice, que tenga cuarenta y ocho años.