21 de septiembre de 2013

La córdoba y el espliego


A veces me acuerdo de ti y escupo en la acera.
No eras bonita; pero tenías algo. Algo en la boca.
Eso decía tu madre.
Si tu madre supiera que era mi polla,
se moriría.
Nunca me quiso.
Tú tampoco.
También deberías morirte supongo.
Iría a tu entierro vestido de blanco.
Te dejaría una rosa sobre el mármol.
Me fumaría un cigarro,
y me iría bajo la lluvia a la mierda,
como cuando tirabas al váter mis poemas,
escaleras abajo.