8 de septiembre de 2013

Pandas


Cuando la abrazo es como si todos mis pecados me hubiesen sido perdonados, como abrazar un árbol el último día de tu vida, cuando la abrazo el mundo es un murmullo ahí fuera, sordo y lejano.
La quiero tanto con mis manos, con mis manos abiertas recorriendo su espalda y con los ojos cerrados, que anido en su cuello como un pájaro y los siglos, pasan como nubes a punto de llover sobre nosotros, de largo.
Como en un jardín secreto.
Como debajo del agua.
Como si estuviéramos rodeados por las llamas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario