25 de septiembre de 2013

Políticamente correcto


A lo mejor me muero dentro de un minuto. No importa. He vivido. Y quiero dar las gracias por todas las cosas magnificas que he visto; por la luz y la risa de los niños; por un asiento de primera en el concierto de los grillos; por todas las estrellas-pero más por las gordas, las que brillan como barcos-; gracias también por las patadas en la boca; por mi operación de hígado; por la muerte de mi esposa, a la que tanto amé y tanto me produjo; gracias por las flores, por las ballenas, por la cocacola. Gracias por la mierda de jubilación que me ha quedado después de ciento treinta años trabajando a destajo en Neptuno. Por la música, sin la cual no hubiera sido posible todo este tiempo bajo la lluvia. Por los cometas que cruzaron delante de mis ojos las noches de verano, con sus colas ardiendo como lazos, naranjas y largos.
A lo mejor me muero y de repente, acabo en el infierno pagando mis delitos, no importa; he vivido, y quiero dar las gracias por no haber nacido desahuciado, en cualquier lugar del mundo donde el infierno fuera el pan de cada día y los soldados, llamaran a tu puerta con la culata sin haber cometido un sólo pecado. Uno de esos lugares donde las moscas nunca pasan hambre.
Gracias por la piel; por tanta agua; por los sombreros y los charcos y los payasos y los ríos y las peras y los melocotones. Gracias por los granos de arena. Por los pasteles de chocolate. Y todos los demás. Y los caballos. Y las guitarras. Gracias por vivir sin cadenas. Gracias por haberme equivocado. Gracias por volver. De donde fuera. Aquí a mi corazón.
A lo mejor en poco ya no existo y se me ocurre, que desde luego, me ha gustado aprender a sonreír; a hablar con las mareas; a ver como mis ramas se mecían con el viento, gracias, sinceramente, por hacerme latir.

A quien corresponda.