24 de septiembre de 2013

Tres hojas de albahaca


Creo en el amor. Firmemente. Creo en el amor a las plantas y los objetos que nos han prestado algún servicio alguna vez o durante mucho tiempo y creo en que sólo una piedra es capaz de dar tanto sin pedir nada a cambio y creo en las focas aplaudiendo en el Ártico. Creo en el estado gaseoso y en flotar y en las caracolas y en las ranas y brindo por ti amor que existes en los ojos de la gente, agazapado como un tigre amor, siempre a punto de saltar sobre mí. Creo en los abrazos largos y calientes y en los besos metralleta muacmuacmuac, y creo en los silencios, cuando no se tiene nada que decir más allá de yo, amor, daría la vida por ti, ahora, en este momento. Creo en el camino largo. Creo que un hombre debería siempre forjarse su propio destino. Todas las mañanas. Frente al espejo. Creo que si dios pasara a mi lado ni me daría cuenta, siempre voy despistado y al fin y al cabo, ¿no somos todos dioses? Tal vez sólo fuera un tipo, no lo recuerdo, cualquiera. Creo en los cromos, en las estampas y los sellos. Creo en las luces de la feria. Como creo en ti amor, que brillas tanto y creo, que si un pájaro se posara en mi mano y lo estrujara con la otra sería un hijo de puta. Pero la vida es tan corta y yo amor, te quiero tanto. Creo en el viento, en los sauces, en los estanques. Creo en el subsuelo, en los insectos y las ratas, creo en lo hondo de la tierra y en que el centro, está frío. Creo en las máquinas lavavajillas y los bolígrafos.

Porque el amor existe.

Si dejas que te encuentre.