13 de octubre de 2013

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Pues no, no somos uno, somos dos: yo, y ella o sus treinta y siete mil novecientos cincuenta y cuatro coma siete millones de defectos. Al día de hoy. Contados. En vigor. Eso en versión original, en su boca, subtitulado, sonaría más o menos parecido a “¿A que me dejas que vea mi serie favorita?”.
Su serie favorita es una mierda. Todos los jueves me la trago. Va de una familia de hacendados que bla bla y por eso a Jacinta le van a quitar los niños, por borracha y claro, bla bla bla, y la amiga de la prima de la hermana del jardinero, se ve con Amancio, que es el abogado de la casa y entoces bla bla y bla y total, que me sé hasta el color de las bragas de la tía Nunciaesperanzagalileasomozaydosaguas.

Los jueves hay fútbol. Me encanta el fútbol. Los jueves a la misma hora que yo me estoy deshilachando en el sofá mi equipo está marcando goles y yo viendo “María Luisa, la condesa de Amaranta”.

Que somos uno dice y ocupa hasta el último centímetro de cama en no se sabe qué, el caso, es arrinconarme como a una rata a punto de caer al vacío interestelar y partirme los dientes contra el suelo. No veas como empuja. Qué ansia. Que somos uno y me tiene preparada una lista de cosas que hacer de aquí a que me muera: arreglar el grifo del lavabo, que gotea; soldar la pata del somier, que se rompió follando el otro día; manipular peligrosamente los cables de un enchufe con muy mala pinta; remover el cielo y la tierra hasta que aparezca Lola, pobrecita-Lola es su tortuga-, que lleva tres semanas por ahí, solita, comiendo mosquitos, con lo que a ella le gusta la lechuga; clavar esto; mover lo otro. No, aquí no me gusta. Moverlo otra vez. Pintar el pasillo. Podar el manzano. No me gusta este color. Volver a pintar el pasillo.

Que somos uno y chupa con la lengua la tapadera del último yogur que hay en la nevera y luego dice, huy, se ha terminado y yo, mirando.