6 de noviembre de 2013

Cuarteto de espinacas con garbanzos en do menor para agujero sin flauta


“-Sé que te duelen la L3 y la L4, que te gusta el café y la mermelada(de fresa); que una vez te emborrachaste con cuatro caipirihas, que te encantan los escarabajos, gordos, redondos; el queso fresco y las rodajas de piña...pero no sé por qué pones esa cara. No ha sido queriendo. Pon cara de que no ha sido queriendo. Por favor. O me voy a morir. ¿Te lo pido de rodillas? ¿No? O sea que no quieres perdonarme. Porque te encanta saborear esa sensación de tenerme en tu poder. Muy bien. Muy bien”.
Pero cuando por fin me perdona, follamos.
A veces incluso me enfado sin ganas para que luego me perdone.
Todo el mundo debería follarse a mi mujer. Sentir la bondad de su carne sanadora. Todo ese amor. Como si no importara que el mundo fuera a acabarse en ese mismo momento.
El otro día le dije que la quería 141, cuando días antes le había dicho que era casi el doble. Casi se le parte el corazón; pero en realidad era mentira, sólo era por joder, porque yo, la quiero cada día más, y hace mucho que ya no echo cuentas, ni de cuánto ni de cómo ni de por qué. Pero ella no lo sabe. Me gusta.
Otras veces en cambio le daría 199 golpes de martillo en la cabeza.
Y a los cinco minutos me la comería.
Va y me saca el otro día del bolso en medio de la calle una baldosa. Del bolso. Que era por si nos daba por bailar. Y que aquella era nuestra baldosa. Donde nos mecíamos. Bajo las estrellas.
Yo antes era el hijoputa de la cuerda. “Ahora vengo”. Con una cuerda. Y te quedabas esperando. En el fondo. Así era yo. El hijoputa de la cuerda. Hace mucho.
Ahora no sé qué soy. Pero siempre llevo una cuerda encima. Y un generador portatil de oportunidades, y estoy yendo al psicólogo para aprender a decir gracias y pedir las cosas por favor. Hablamos también de aprender a fingir una media sonrisa para ocasiones especiales, y lo mandé al carajo.

“-El apartado no sé cuántos mil trescientos veinticinco-“por el culo ta la hinco”- coma tres guión barra y bla bla bla dice expresa y claramente que, punto primero y último: tienes la absoluta obligación de hacerme feliz todos los días de mi vida bajo pena de irte a tomar porculo por incumplimiento de la misma, y subraya, tú verás”.

Me la como.