21 de noviembre de 2013

Segunda planta


Me estoy muriendo. Mae está dormida en el sofá enrollada en una manta verde. Todas las habitaciones tienen uno igual. Parece una crisálida. Lleva dos meses enrollada en una manta verde. Aún no lo sabe; pero tiene toda la vida por delante. Estos días piensa que su mundo se acabará con el mío. Mae es tan bonita. Tiene el pelo liso y largo y brillante y los ojos muy grandes y sabe silbar como un pastor y hacer compotas de ciruelas claudias. Hemos cruzado muchos ríos juntos. Nunca me ha abandonado. Todos los días de mi vida, enrollados en una manta verde. Como una crisálida.
Anne y Julius se han marchado a casa hace bastante. Es época de exámenes. La abuela Marguerite llamó esta tarde, preguntando si Anne podía comer pizza. Anne tiene problemas de peso. Está gordita. Pero claro que puede comer pizza. Me estoy muriendo. Todo el mundo puede comer pizza y dejar la cama sin hacer y estar hasta muy tarde viendo la tele. Julius vino con su novia. Se miraban. Se buscaban todo el tiempo con los ojos entre la gente que salía y entraba de la habitación a fumar al pasillo o a tomar un café y volver con pasteles o un peluche o flores para mí.

Duermo poco. Con tanta tubería y tanto aparato es muy difícil distinguir lo real de lo irreal y a veces, escucho a Mae levantarse del sofá y ponerme la mano en la frente o arroparme el cuello. Huele a...sólo Mae huele así.

Al principio estaban tristes. Ahora están cansados.

No he pensado ni una sola vez en dios, en qué me espera, en si hay un arriba o un abajo o habrá que ajustar cuentas ese, tipo de cosas que nos dan tanto miedo. Sólo cierro los ojos y recuerdo a los niños y a Mae en la playa, haciendo un castillo en la arena con un cubo de plástico y una pala. Cierro los ojos y les veo soplar las velas; construir la casita en el árbol; adoptar a Mike- “Mike a vuelto a comerse la pata de la mesa”-; veo a Mae empujando a los niños en un carrito de la compra por el súper; cierro los ojos y veo a Anne llorando porque no le va bien en clase de gimnasia; veo a Mae en el jardín, agarrada a mi cuello, girando. Bajo las estrellas.

“Mike se ha comido mi pelota de beisbol”.

Y este siglo tan raro.

A veces escucho una guitarra.

Otras me despierto y hay una enfermera cambiándome la sonda.

Había una chica, Emy, en el instituto que me gustaba. No me acuerdo del color de sus ojos. Llevaba brakers. Y una falda muy corta.

Ya le he dicho a Julius que es un hombre. Espero que sepa lo que eso significa. Siempre ha sido un chico listo. Al menos lo era cuando me convenció para comprarle aquel coche. Seguro que se folla a Betty en el asiento de atrás.

Me gusta la luz de todas estas máquinas haciendo bip bip en la penumbra. Como si estuviera en una nave espacial. Y fuera a emprender un largo viaje por el cosmos, mientras Mae, enrollada en una manta verde se convierte en mariposa.


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