4 de noviembre de 2013

Y por lo tanto te amo


Y miras a tu alrededor y sólo ves cuatro paredes. Nada que recuerde un hogar. Un lugar en el mundo. Lo tibio. Cuatro paredes y esas ganas de saltar por la ventana.
Y entonces ves a Klein, y piensas en qué será de él si le abandonas. Seguramente irá a parar al cubo de la basura cuando el servicio de limpieza entre por la mañana a hacer la cama. Entre mondas de patatas y raspas de pescado y facturas de la tintorería.
Ya son catorce años. Tantas carreteras, tantos trenes. Tantos errores. Tantas paredes. Catorce años juntos y ni una sola vez me ha hablado. Tampoco le he preguntado.
Aunque acabara en brazos de alguien con un buen corazón, Klein no sería nunca más feliz. Echaría de menos el humo del tabaco, las estrellas, el viento entre las hojas de los árboles...conmigo.
Miro abajo e intento imaginar cómo es la vida de la gente dentro de los coches. Si tendrán frío también. Si sonríen, si besan a otros, si se abrazan, si desayunan tostadas de manteca de cacao viendo las noticias de las ocho...si a veces no tendrán ganas de saltar, y qué los detiene. Yo tengo a Klein. Y sé que me necesita. También sé que dentro tiene trapo; pero que el dolor, no es sólo propio de los seres vivos, sino que flota en el cosmos como una parte más del universo.

Klein me ha enseñando por ejemplo que no vale la pena aferrarnos como si no tuviéramos nada más a las personas, sino que cada uno de nosotros debe valerse de uno mismo para ir erguido, y que por lo tanto ir de la mano significa no esperar del otro más que sus pasos por la arena junto a los tuyos. Sin facturas. Sin que si tú, sin que si yo. Juntos. Hasta que el amor se acabe.

Había una ventana en la isla, ¿lo recuerdas?,... dejar una bonita mancha grana y geométrica sobre la acera y desaparecer de una vez para siempre. Porque ese es el único siempre. Los demás son cosas que inventamos porque tenemos miedo, y suelen durar lo que dura abrir los ojos, una bonita mañana de verano y sentir en la boca que has estado comiendo mierda toda tu vida.

Un día brillaré.
Estoy en ello.
Y Klein estará allí para verlo. Conmigo. Y le daré mi luz y su corazón de trapo empezará a latir y su boca se descoserá de repente y empezará a hablar de lo bonitos que son todos los colores y de cómo huelen las flores y de cómo suenan el agua de las fuentes y de cómo de hermoso es ver el vuelo de las libélulas en los campos de trigo y cómo los girasoles persiguen el sol y cómo con un poco de esfuerzo el ser humano alcanza el calor suficiente como para compartir todo lo que los ojos no ven.

Agárrate fuerte, eso de ahí delante es un Iceberg.