27 de diciembre de 2013

El amor, ese estúpido animal de compañía


Dentro tanto como un tantra yo de ti rinoceronte mío y tú,
con los ojos en blanco,
eléctrica,
tiesa como un tarso toda, como el principio activo de una formula voraz,
efervescente,
pendiente...pendiente...pendiente,
de que pase una estrella fugaz.

Cuando dígote te quiero quiero a las demás también:
la que gata, la que tigra, la que aulla,
la del jardín de rosas,
la del campo de minas.
Hoy no vas a ganarme la batalla, he venido a rendirme, porque eres,
el trozo más grande que me falta,
mi clavo ardiendo,
mi lamparita.
Y llevaba tanto tiempo esperando que dejara de llover.

No va a venir un guardia a ponerme una multa a este lado de la luna
por aparcar el esqueleto en zona azul...cuando era trapecista-ven-,
solía venir por aquí,
a contar los granitos de arena,
de las veces que estuve sin ti.