28 de febrero de 2013

¿CDC?+tres


Ahí está.
Me encanta esa moto.
Y me encanta ir abrazada a su cintura. Es como abrazar un árbol. Cerrar los ojos y abrazar un árbol.

-¿Dónde vamos?

-A mi casa.

Vaya. Ayer no quería besarme y hoy ni siquiera me invita a palomitas.
Mejor. Me tomaré una copa, le echaré un par de polvos, y adiós rubito. Me gustaba tu moto.
Pensé que era diferente.
A veces pienso que las cosas son diferentes. Que mi madre no llora todos los días. Que mi padre me lleva al colegio. Que el médico se ha equivocado.

Me tomaría otro café...

-Conocí una chica, Hakiro, supongo que matamos a su padre, sus hermanos, su perro... Me miró, de aquella forma, como si yo fuera la única persona que le quedara en este mundo, mientras mi sargento le metía fuego a la casa.
Nos casamos después de la guerra.

-No me importa que estés casado.

-No lo estoy. Oiga, ¿tiene algo dulce? Para tomar con el café.

-Claro señor, tenemos...y bla bla. Y fresas. Si quiere.

-¿Te divorciaste? No debía ser fácil convivir con los vecinos teniendo una japonesa en casa.

- Soy viudo. ¿Te gustan las fresas?

-Quiero irme a casa.

-Me has preguntado. ¿Quieres irte a casa? Vale. Tú me has preguntado. ¿Esperabas que no la mencionara? Matamos a millones de personas. Incluso ochenta mil en un sólo día. No voy a hacerle eso.

-Lo siento, es sólo qué...¿La querías? Quiero decir...

-¿Va a querer las fresas señor?

A ciento treinta y cinco kilómetros por hora casi parece que vas a despegar. Me agarro muy muy fuerte hasta que llegamos.

-Bueno, por dentro es más...

-¿Vives en un hangar? ¿Y qué mascota tienes? ¿Un pterodáctilo?


Continuara...

26 de febrero de 2013

¿CDC?, 2


-Buenos días hija.

-Hola mamá.

-Llegaste temprano.

-Sí.

-Nunca llegas temprano.

-¿Alguna vez te acuerdas de papá?

-Todos los días.

-Es un hijo de puta.

-¿No vas a decírselo verdad?

-Para él ya estoy muerta hace quince años. No. No voy a decírselo.

-Hija...¿vas a vivir así el resto de tu vida?

-El resto de mi vida son seis meses mamá. Puedo vivirlos como quiera.

-¿Y merece la pena?

-¿Sabes qué voy a hacer hoy? Voy a tomarme un café descafeinado con leche desnatada y sacarina.
Y después voy a saltar por la ventana.
Es broma. Tengo una cita. Y tengo que irme. Adiós mamá. Y no trabajes mucho.

-¿Una cita? ¿Con un chico?

-No mamá: con un mástil de barco.

Continuará...

25 de febrero de 2013

¿Cómo de cuánto? Capítulo primero


Lo típico entre dos extraños en un bar donde Elvis sonaba en la máquina de discos. Que si me gusta el béisbol, que si vienes mucho por aquí, que si bla bla bla, que si invito yo, que no, que ahora me toca a mí. Pero cuando después de varios blas más le pregunté que y dónde vives y me contestó: en las nubes, pensé que otra vez estaba sentada en el sitio equivocado con otro idiota que quería impresionarme. ¿Por qué simplemente no podía dedicarse a ser un chico rubio de ojos azules?
Y entonces dijo- sin darme tiempo a pedir la cuenta y largarme de allí directa a casa antes de que le escupiera en la cara pues mira sí, vengo a menudo, porque me encanta follar y no tengo tiempo, me muero, tengo una leucemia galopante, aunque no te lo parezca, y me hago agua, me estoy desintegrando-:“Soy piloto”. Y sonrió. Y era la sonrisa más bonita que había visto en mucho tiempo, como si de verdad, fuera a extender allí mismo las alas.
Me llevó sobre una Norton preciosa por la autopista hasta la playa. Me encantaba el olor de su chaqueta de cuero y cómo el viento me helaba las rodillas. Paramos en un huerto a robar albaricoques, y en diez minutos más agarrada a su cintura, llegamos a orillas del pacífico.

Había estado en la segunda, matando japos.
No me miró las tetas ni una sola vez.
Tampoco hablaba mucho, y cuando me acerqué para besarle, me puso dos dedos en la boca y dijo que nunca en la primera cita.
No creo que vuelva a verte, pensé, mientras salía el sol.

Me equivoqué.
Quedamos para el martes.
Son cosas que pasan. Últimamente he estado haciendo cosas raras, cosas que pasan:

“-Quiero besarte Bed- Bed es mi mejor amiga. Tiene tres hijos. Su marido es un imbécil. Pero se quieren. Son cosas que pasan. ¿Cómo iba a negarse? Me estoy muriendo-. Quiero llevarme todo de aquí. Cierra los ojos. No te dolerá”.

Fue dulce. Dulce y salado.


Continuará...

23 de febrero de 2013

Feliz no cumpleaños


Hacía poco que había llegado de Júpiter,
y no estaba acostumbrado aún a citar el sitar con una famosísima cita de Charles Dikkens.
Era noviembre, un mes divino,
lleno de pellejos y remaches.
Y era muy hermoso, verla germinar bajo los tres soles de Nim.

¿He muerto?, le pregunté, recuerdo,
tumbado bocarriba,
mientras mi polla palpitaba todavía.

No recuerdo haber amado nunca nada.
No como a ella.
No antes.
No más que a mí.

No pude resistir, no quise, después de tantos años de pirata,
la supernova en su ojo cónico,
la espiral de su beso,
sus tetas en mi espalda, mientras me susurraba, yo, soy , tuya.

Su risa me salvaba de todo lo deforme de este mundo.

Podría vivir de este eco el resto de mi vida.

Siempre que tenga tabaco, por supuesto.

20 de febrero de 2013

Moscú


Un barco consta de tres partes:
clavícula naufragio y tiburones.
Una cuchara, de catorce. Todas verosímiles.
Y de un valor incalculable.

A veces mi corazón es un aeropuerto.

Sólo de verla, uno se empalmaba.
Nunca había estado tan cerca de una pelirroja.
A veces tengo suerte. Pero no tanta.
Supongo que Dios tuvo algo que ver.
Gracias señor, gracias.
Aún me duele la polla de acordarme.
Se lo tragaba todo.
Y era lista, joder, convenció al tipo del motel,
de que nos diera una con jacuzzi y un perro en la puerta
por el precio de una calabaza, que hasta las doce,
parecía una casa de muñecas.

“Te importa una mierda cómo me llamo”, me dijo,
y con sólo deshacer un lacito, dejó caer al suelo el vestido.

Lo demás fue la guerra.
No hizo prisioneros.

Otras deja de latir.

Hoy me pondré la guayabera blanca,
y esperaré a la sombra, debajo de la higuera,
que alguien dibuje con una ramita en la arena la palabra amor.

Porque amor es la parte núcleo.
El movimiento.

La llave.

La sección de cuerda de la filarmónica de Boston y una pradera de flores amarillas.
Y escaparme contigo de aquí.
Dejar las páginas en blanco y volar volar volar, muy alto.

Hasta la incertidumbre.

19 de febrero de 2013

Fa minor


-...no con esa cara.

-Vaya mierda de película.

-Luego dices que me quieres. Que te partes los huevos por mí. Me has dejado sola siete veces. Que si una cocacola; que si me estoy meando; que si tengo mono.

-Pero he venido. ¿O no?

-Pero es que así no se puede ir a los sitios.

-Pero si no te has enterado ni tú de lo que iba.

-Contigo al lado seguro que no; pero vamos, que tampoco es tan difícil entender que la miseria azota el corazón de Praga en la postguerra, en realidad...

-Y en blanco y negro. Yo flipo.

-Yo he ido contigo a ver Transformers hijo de puta.

-Por lo menos era en colores.

-Dame un beso.

-¿Em?

-Que me des un beso, que viene por ahí la guarra de Carola con el novio y quiero que nos vea besándonos. ¡Hola Carola, ¿passa tía?

18 de febrero de 2013

Kilómetro cero


Si vas a follar borracho, pon jazz.

Al día siguiente siempre amanecía solo, la habitación olía a perfume, por supuesto barato, y no había ni rastro del tabaco.
Hasta que conoció a La Belle.

Surgió de entre la gente, el humo y el olor a limón de los gin tonics. Toda de rojo. Rubia como el trigo. Magnífica:

“¿Tienes fuego?

-¿Sabes quién soy?

-Un tipo. Uno cualquiera de entre todos los tipos que hay esta noche aquí, haciendo algún negocio sucio mientras una rubia como yo le pasa las tetas por la nuca delante de sus amigos. Un tipo con fuego, supongo.

-Coge tus cosas. Nos vamos.”


De camino al motel Jimmy Boy atracó una gasolinera. Pero pagó las dos botellas de champán. Ella no había pronunciado ni una sola palabra desde que salieron del Sweet.
Pero sería caro, de eso estaba seguro.

“-¿Tienes nombre, tipo?”

Él no contestó. Se limitó a mirarla de reojo sin apartar la atención de la carretera y abrió la guantera, donde bajo la tenue luz de una lucecita podía verse brillar la piedra de un anillo con mano incluida. Tenía por norma dar fe de su trabajo con alguna prueba indudable.

La Belle exhaló una bocanada de humo y siguió mirando un tren de mercancías que se perdía perpendicular a ellos en la distancia, hacia a algún lugar de entre la niebla de aquel mes con abetos y colores brillando en los centros comerciales: “Llevame lejos. A algún sitio del que no se pueda volver”.
Recostó la cabeza en su hombro, y cerró los ojos.
Olía a miel de abejas.
Los ojos de los zorros, brillaban como flashes de foto bajo los faros del coche.

17 de febrero de 2013

Pandora


-Hablas dormido.

El café sabe a mierda.

-¿Y qué digo?

-Su nombre.

El pan de cebada sabe a mierda. La mantequilla sabe a mierda.

-¿Por qué quieres tenerlo todo Virginia?

-Tengo derecho. Yo estoy aquí. Cada día.

-No puedes cambiar el pasado. Lo sabías.

-En cambio ella si que puede cambiar mi presente.

-Está muerta joder...

-Te la follas a ella.
Tengo que irme a trabajar.

Las mujeres, todas, son bonitas.
Algunas por tener las rodillas un poco dobladas hacía adentro. Caminan como patitos, y por lo general suelen tener nombre de flor, siempre silvestre. Otras porque con gafas están guapas, interesantes, erotiquísimas. Y sin ellas, tienen de repente unos ojos tan grandes que uno puede peinarse con la raya en medio en ellos a oscuras. Otras tienen mareas en el pelo los lunes a las seis de la mañana. Otras son de porcelana. De papel celofán. Otras son hadas. Pétalos. Peces. Guitarras.
Por subirse a unos tacones con los labios a juego. Por usar camisetas de los Beathles, sombrero de cowboy, por no teñirse el pelo, por tatuarse el nombre secreto de un planeta alrededor de un pezón, por gritar por la ventana que va a comerse el mundo.

Pero sólo una, sólo una, es la más bonita de todas.

Por muchas primaveras que nos sobren.

14 de febrero de 2013

Al trasluz, las arterias parecen fideos


Amar un horizonte de antenas parabólicas.
Una fila de hormigas.
El diente de un coyote, colgando del retrovisor.
Amar lo panadero, lo fucsio, lo ateniense,
la suburbia, el plasma y lo patente, blanquísimo,
del ojo de un pez.
Amar centígrado.
Amar inflando, globos terráqueos.

Amar el borde, con los dedos, de las copas.
Amar la semifusa del timbre de la puerta.
Los clicks del mousse, la mermelada.
Amar el cieno, los murciélagos, las ratas.
Amar lo hondo.
Lo negro.
Lo profundo.

Y amar al Mar como a ti mismo.
Y amar el diplodocus.
Y el fémur de los muertos. De cada uno de los muertos de este mundo.

Amarlo todo.

Desde el fango.

12 de febrero de 2013

En


No me siento solo solo: me siento mío.
No se me cae la casa encima. Me abraza.
Me protege del sol; del frío; de la lluvia...
No pienso en ti continuamente:
te limpio el polvo, como a todos las fotos del salón.
Como riego las plantas.
Como coso un botón.
Como si.

Pero si tuviera que llevarme tres cosas a una isla,
no lo dudaría: tabaco, un mechero,
y ese día.
Te morías de ganas.
Me temblaban las manos.
Saber que el primer beso,
iba a ser bajo el tallo de una luz amarilla, mientras pasaba el camión de la basura.
Cuarenta y tres segundos.
Tu lombriz escorándose en mi quilla.
Los nudos.
El sabor a papaya.
El hábito.
E=mc2.
Como una droga.
Como el veneno.
Como no haber probado nunca un caramelo.


10 de febrero de 2013

Amarse del revés


Tal vez la gente escriba cosas con tiza en la pared;
en una servilleta de papel,
en los lavabos:
“Yo estuve cerca”.

¿Y qué?
Yo me follé una cabra en la cima del puto Himalaya.
Estuve.
Y la cabra también.

Si no miras atrás cuando explotan las bombas- como en la jungla de cristal-, es que estás acabado.

Ya no persigo la caricia perfecta.

Casi todo me importa una mierda.

Pero no me imagino la vida si Alice-
la e no se pronuncia-. Alice, la Iluminati.
La que me incuba.

Cerrad los ojos.
Suponed una pradera. Un árbol. Un columpio.

El viento.

Pues Alice no es así.

Es real como un filete de ternera.
Está gorda.
Tiene granos.
Suda.
Y ronca.

Pero yo no me imagino la vida sin Alice.
La única mujer que ha escrito con mi semen,
en el cristal de la ventana,
“quiero una galleta de coco”.

Mi Atlántida.


Love is the drug

8 de febrero de 2013

El mercader de Partagás


Porque sí, sin un motivo.
Así
ocurre
todo.

Por eso el pecho abierto, la emoción,
del primer beso.
Aquellas alas.

De repente.
Como todo lo que ocurre por amor. Que no se premedita.

Limpio.

Mi mano, tu mano, el calor.
Mi boca, tu cuello, la estela que deja el caracol.
Otro día la boca, el hígado, un pulmón.
La maleza, el tótem.
La gravedad
cero.

La licuefacción.

Por eso las medallas: Lucía. Pablito. Soledad.
Por eso el tiempo.
Las arrugas.
Los trozos.

La gente haciendo cuentas.
La cuenta de hospital.

Ese día.

Por eso ese hemisferio que quedó tras de ti.
El polvo.
Y luego el viento.

Llevándoselo todo.

Como ocurre lo cierto. Así, sin avisar.

7 de febrero de 2013

Nadie ha vuelto nunca de la bruma


Se sentó en el retrete, y vomitó a Germán allí, en mitad del verano, sobre el suelo de mármol de una estación de paso.

-Vas a perder el tren niña- le dijo la señora del bar dando golpecitos tras la puerta del baño.

Cuando salió el tren ya se había ido.

-¿Tiene café?

-Claro hija. Hago el mejor café del mundo.

-Solo. Sin azúcar.

-Qué pena.

-¿Perdón?

-Si no vas ponerle azúcar no necesitarás cucharita.

-¿Y?

-Te perderás el ruido que hace al girar en la taza.

-Ah...

-Tal vez no parezca importante.

-Tal vez no lo sea.

-Nadie pierde el tren de las once menos cuarto porque sí.

Hay un viejo al final de la barra sentado en un viejo taburete:

-Crió cinco frutales con una sola mano y el sudor de su frente. Las vio casarse con hombres que también sudaban, y que siempre acataron su palabra: “A las doce en casa”.
Mi padre siempre tenía el frigorífico lleno de naranja hasta las trancas, de bandejas enteras de yogurt y de croquetas de pollo congelada. Hizo que pintaran un escudo, con el apellido familiar en una pared de la salita de una casa que el estado había construido en las afueras para la gente que no. Era una caja de zapatos; pero hasta tenía una azotea, desde donde se veía el cementerio, y la fábrica roja de ladrillos.

Hablaba como si alguien le estuviera escuchando.

-Allí me ponía yo a jugar con soldaditos de plástico verde, de infantería, y algunos hasta paracaidistas, que colgaba de las cuerdas de tender la ropa, para que supuestamente sorprendieran en una emboscada los nidos de ametralladoras de las macetas de geranio que mi madre tenía tan bonitas, por todo el corredor.
Luego fui a la guerra. No era lo mismo.

Y entonces ha entrado un tipo en silla de ruedas con cara de hijo de puta y las manos llenas de mierda:

-Te juro que un día, me tiro al río.

Hay un perro pequeño sin dueño en el barrio, color canela. Lo llaman Lolo y dicen, que Palomo un día se lió a perdigonazos con él desde el balcón y desde entonces, como caga donde quiere, caga en la puerta de Palomo.

Mientras toca Chet Baker en la radio, las hojas caen de los árboles gritando socorro.

-...llegas a mi vida y crees que puedes revolver en los cajones. Y no puedes. Así que hace bastante que no tengo un buen día.
Perdona, te estoy dando la tarde, tendrás, cosas que hacer. Mejores seguro. Es sólo que estoy harta. Harta de ser bonita y atraer a las moscas.

-No pasa otro tren hasta mañana.

-¿No cierras?

-¿Para qué?

-¿Y esa pensión es...?

-Ya te digo que si quieres que los gatos de la vieja se te meen en la maleta, tú sabrás.
Y que tengo habitaciones de sobra en mi casa. Vacías.

-Ya; pero...

-¿Ves aquel chico sentado en la terraza?

-Está de paso. Llegó mojado por dentro hace tres años. Aún no se ha secado. Pero colgó su sombrero de un clavo y aprendió a irse más despacio. Su mujer naufragó en un velero holandés. Se la tragó el Mar.
Así que pero y te preparo algo de cenar y después, nos sentamos ahí fuera a contar estrellas un rato.

Podría morir ahora entre tus brazos, le dijo tantas veces. También podría morir dentro de cincuenta años de un catarro mal curado. O en los brazos de otra.

Hay estrellas rojas, blancas, amarillas.

-Cuando mi Nicolás murió, boca arriba, junto a los rosales, pensé en volver a Bosnia. Aún tengo allí un pariente. Hasta hice el equipaje. Me trató como a una flor. Desde el principio. Hablo con él todas las noches mientras me deshago las trenzas. Hablo con Sasha, con Ivenka, con mi hermana Inga...

Y aviones que parecen estrellas. Tan alto.

-Soy capaz de estar ciento cincuenta y sietes días sin llorar. También los he contado.

Parpadeando entre lo negro del espacio. Redondas. Lejanísimas.

6 de febrero de 2013

17.212


Comer y que te coman todo.
Centímetro a centímetro.
Dejarse arder.
Manifestarse en nos el animal,
y manchar las paredes de carne cruda y besos.

Morir temprano.
Borrachos. De madrugada.
Sobre una alfombra persa junto a la chimenea.
Sin prisa de nacer al lunes, ni casi aire en los pulmones.

Abrir los ojos.
Saberte.
Consolidarme. Hacer café. Mirar por la ventana.
Ver cómo sales a la luz sin bragas.

Volver a tu boca.

1 de febrero de 2013

Cada vez


Si tú te vas
-te vas de irte,
de tierra encima-,
¿qué significo si contigo se me irá el apetito,
de vivir?
Seré como un nenúfar
rodeado de agua en el estanque de los patos.
Un zapato sin otro;
una pelota de playa desinflada,
otra cosa,
sin alas como ahora para alzarte del suelo
siempre que bailamos, ya sabes qué canción.
Una mancha en la ropa.
Un ex de todo.
Si tú te vas, si tú, desapareces,
se irán contigo tus pasos de gaviota,
tu risa de cueva, la tormenta en tu pelo, el brillo de tus ojos...
Todo lo que me importa, se irá contigo para siempre.

¿Me quedaré aquí, escupiendo paquetes de tabaco?
¿Me aplastarán las horas como a un simple gusano?
Moriré en la ventana, de viejo, esperando a que llegues del trabajo.
Un día, y otro, y así hasta el hueso,
hasta el final.

Porque te había prometido una palabra de once letras,
que nunca me dio tiempo de acabar.

Chet Baker